Entramos en el penúltimo capítulo.
Está claro que, lo que de verdad queremos es el bien; está claro que "lo bueno" dice, primariamente, "hacer justicia a la realidad", siendo la primera realidad la que hemos de hacer justicia, las personas.
Ahora bien, hacer justicia a la realidad apela a la realidad y a la conciencia. Esta es la clave que se tratará en este capítulo. No hablamos de "valores", sino de acciones buenas: de acierto y de virtud. Todo lo que hemos dicho del valor tan sólo se refiere a nuestra captación del valor de la realidad y por tanto de nuestra sensibilidad en orden a "hacerle justicia". Creo que este punto es importante. La ética es, sobre todo, ética de la virtud. La virtud que hemos estudiado en este texto de modo directo es la justicia, indirectamente, la prudencia -la que estamos tratando ahora-; en los primeros capítulos fue la templanza y al fortaleza.
Tal vez se comprenda por qué, en el fondo, la educación en valores tiene limitaciones, puesto que no convierte las acciones en buenas... los valores no son acciones, sino apreciaciones de la realidad, ser capaz de captar en qué consiste hacer justicia a la realidad, pero aún ha de "hacerse".
Un cordial saludo
24 comentarios:
¡¿Hay valores morales absolutos? ¿Estos son relativos y subjetivos?. La justicia ¿es “mi” valor o es “tu” valor?. O ¿hay un valor universal al que referirnos para juzgar una determinada acción?. El relativismo no tiene una referencia clara a la verdad, y lleva a confusión entre lo bueno y lo malo.
La conciencia es el lugar donde el hombre se abre a la verdad. Pero la conciencia puede estar deformada, porque obedecer a la conciencia conlleva esfuerzo. “Quién no vive como piensa acaba pensando como vive”. Cuando faltan los hábitos morales resulta más fácil que la razón se extravíe.
Ningún consenso social puede hacer bueno lo que de por sí es malo. Hitler llegó al poder por mayoría de votos, y esos no hicieron aceptable el racismo ni sus consecuencias. Si matar es malo, no es porque lo diga la sociedad, sino por ser una acción mala en sí misma. La dignidad de la persona debe respetarse por encima de la decisión de cualquier colectivo. El hombre es un fin in sí mismo, no un medio. Una moral sin Dios, basada sólo en el consenso social, sería una moral sin garantías, ya que el hombre es débil y puede ser manipulado.
El hombre es egoísta por naturaleza, y si no tenemos conciencia de obrar mal y no admitimos que nos juzguen, nos convertiremos fácilmente en delimitadores del bien y del mal. La moral es difícil, pero necesaria para la dignidad del hombre. Hay que buscar la verdad y ayudar a los demás a buscarla, a pesar de los errores. Lenin decía: “si queremos dominar a un pueblo, corrompamos su moralidad”.
A lo largo del a historia se han hecho presentes las grandes imperativos morales. Kant se preguntaba dónde estribaba la bondad o la milicia de un acto: “obra de modo que la forma de tu conducta pueda erigirse en norma de conducta universal”. Pero se puede observar que hombres de conducta inmoral no son castigados adecuadamente por la vida. Así concluía que existía un Dios remunerador y la existencia del alma y su supervivencia.
Pero hay algo más que la justicia que haga pagar a los hombres y las cosas: la posibilidad del perdón y la reconciliación, reconocernos culpables, de nuestras limitaciones y esperar el perdón. La caridad es una virtud más alta que la justicia, y la caridad reside en Dios, Dios es amor (San Juan).
La verdad está no en el Dios de Kant, simplemente justiciero, sino en Jesús: Camino, Verdad y Vida. Para Kant la existencia de Dios se deriva de la moral y es precisamente al revés: la ley moral se deriva de la existencia de Dios.
No todo lo que hace la conciencia es bueno, ya que es un simple órgano que puede estar mal orientada. Todo el que actúa tiene una buena intención, en cierto modo. La gente actúa según su propio placer, su propia satisfacción espiritual, según la justicia, la felicidad de los demás…
Las personas no queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en sí mismo.
Un ejemplo claro lo vemos en una persona que roba en un supermercado. Esa persona a lo mejor no lo hace con mala intención, lo único que necesita es sacar a delante a su familia y por eso recurre al robo. Es decir, roba para alcanzar un fin que no es malo en sí mismo.
Podemos decir que la conciencia es una llamada de atención. Solo podemos llamar buena, la voluntad que se deja obligar por la conciencia. Y llamamos mal a aquello que se renuncia a prestar atención.
Para que una actividad sea buena es necesario que nos comportemos de acuerdo a nuestro propio valor, es decir, que hagamos justicia a la realidad. Por eso una acción buena será aquella en la que se tenga en cuenta la realidad.
La conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, pero el ojo no puede verse a sí mismo. Debemos seguir aquello que nos parece bien.
Kant escribe: "No se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tan tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad".
¿Qué es entonces una buena voluntad?
Seguramente, aquella voluntad que desea el bien. La pregunta por el bien ya no se responde señalando la buena voluntad. Si la sabiduría de todos los tiempos no hubiera llegado a fin de cuentas más que a esta buena intención, no por eso sería algo inocuo, como puede parecer. La buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades.
Todo el que actúa tiene, una buena intención. Nadie quiere el mal como tal. Todo el mundo desea algo positivo. Platón, y de acuerdo con él toda la folosofía antigua y los filósofos del medievo, afirmaba que nadie puede obrar si no es por amor de un bien, de un valor. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal. Sobre todo, si hace que otros paguen el precio; esto es lo que hace el que roba para poder ser después un benefactor a lo grande. Pero la buena intención no cambia en nada la injusticia del acto.
Justificar actuaciones por la así llamada buena intención constituye además una escuela inautenticidad. No queremos el mal por el mal, sino que lo queremos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que no es malo en sí mismo.
Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno, la conciencia no es un oráculo si no un órgano, y como órgano puede estar mal orientada. La conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, debemos seguir aquello que nos parece ver.
Kant nos dice “no se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad”. Todo el que actúa tiene una buena intención.
Nadie quiere el mal como tal. Todo el mundo desea algo positivo. El mal consiste en que, al perseguir ese bien de una manera que no se puede justificar, se cause o se acepte a cambio de un mal.
Justificar actuaciones por la llamada buena intención constituye además una escuela de inautenticidad.
La conciencia dificulta la expulsión y nos recuerda el conjunto de aspectos de nuestra acción. Es una llamada de atención. Solo se puede llamar buena la voluntad que se deja obligar por la conciencia y considera la realidad total de su proceder.
El mal se puede definir como renuncia a prestar atención. Lo que ocurre sencillamente es que no queremos verlo.
El filósofo ingles Moore se ocupó de denominar a lo que nosotros llamamos algo bueno “falacia naturalista”, consiste en sustituir el bien por otro contenido cualquiera.
Para que una actividad sea buena es decisiva otra cosa: en primer lugar y ante todo, que tratemos a cada hombre como un ser que, como nosotros, es un fin en sí mismo. Decisivo es solo que, en este sistema, nadie sea solamente medio sin ser al mismo tiempo un fin, sin que es esas relacione de trato pueda uno perseguir su propio fin. De ahí que también debamos respetarnos a nosotros mismos, este respeto exige además hacer justicia a la realidad extrahumana.
Lo que hace bueno a un hombre es el amor, una actitud de fundamental afirmación de la realidad, de ahí brota una universal benevolencia que ya no nos pone en el centro del mundo, pero se extiende también hasta nosotros. Medidos por esta medida del amor, sólo somos, con todo, condicionalmente buenos.
No solo existe la justicia, existen también la reconciliación y el perdón. Todas las buenas acciones juntas no pueden cambiar el que no haya una sola vida humana que merezca, como un todo, ser denominada sin más como buena.
Hacer algo con buena intención no hace justo un acto, no podemos, por tanto, justificar las acciones por la buena intención.
Lo primero que hace que una acción sea buena es la atención, considerar la realidad de manera objetiva, tal cual es. A este respecto, podemos encontrarnos con algunas trabas para ser objetivos, algunas de ellas son los sentimientos, la ambición, los ideales, etc. Éstos, hacen que no prestemos atención a aquello que no justifica nuestra acción.
Normalmente nos resulta costoso mirar las cosas objetivamente y solemos hacerlo con influencia de nuestros intereses.
Lo segundo que contribuye a hacer buena una acción es el hecho de comportarnos de acuerdo con el valor propio de las cosas, animales, plantas, hombres. De esto se deriva que se debe considerar a la persona como fin en sí mismo. El tratar a alguien como medio para otra cosa es, como pudimos estudiar anteriormente, manipular y hace que cualquier acción no sea buena. La persona, tal y como dice en el texto, “merece un respeto incondicional”.
La conciencia al ser un órgano puede estar mal orientada y no actuar de manera correcta.
La buena voluntad es aquella que desea el bien, pero se podría caer en el error de realizar una buena acción como forma de justificar las injusticias.
Todo el mundo cuando actua en cierta manera, actúa con buena intención, ya que nadie quiere el mal como tal.
El mal consistiría en perseguir un bien obrando de manera injustificada. Este mal lo utilizamos como medio y para conseguir un fin que no es malo en si mismo.
Cuando realizamos algo que está mal solemos centrar nuestra atención a los aspectos positivos. En este caso la conciencia interviene dificultado el centrar la atención en los aspectos positivos. Por lo que solo se puede llamar buena voluntas a aquella que se deja influir por la conciencia.
Cuando alguien actúa mal sabe que es aquello que está haciendo de manera incorrecta, el problema está en que no quiere saber aquello que está haciendo mal.
Una acción es buena cuando tenemos una visión objetiva de la realidad. Lo que puede convierte esa acción en mal son los ideales, los impulsos, las tentaciones, la ambición , etc.
Cuando cada uno de nosotros actuamos lo hacemos orientándonos al bien, no queremos hacer el mal, pensamos en lo bueno, positivo pero no pensamos en las consecuencias o precio que hemos de pagar, o que pagaran los otros por ese bien que queremos alcanzar.
Por ello dice Platón que “nadie puede obrar si no es por amor de un bien”. El mal, renuncia a prestar atención, viene cuando seguimos a un bien que no se puede justificar, es el precio de conseguir un fin que creemos bueno. El hecho de que queramos hacer un bien no cambia que el hecho sea injusto, es decir, que nosotros queramos un bien no quita que ese bien para nosotros sea injusto para otros.
La voluntad buena es la que no se engaña refugiándose en la “bueno intención”.
A la pregunta ¿Qué es lo que hace que una acción sea buena? Podríamos responder que lo que hace que una acción sea buena hay que tener en cuenta la realidad, que los medios que utilizamos sean buenos, hay que escuchar a la conciencia y no tener que refugiarnos en la “buena intención”, sino que la acción e intención y el fin sea bueno. El sentimiento del momento, la ambición o incluso la sensibilidad es lo que pueden hacer que esa acción no sea buena, pueden manchar o ensuciar esa acción que creíamos buena.
¿Qué convierte una acción en buena?
En el texto se contesta que tenga en cuenta la realidad. Una acción buena es aquella que se realiza sin obtener nada a cambio y en la que uno no se regocija. Pero también pienso que tiene que haber alguien beneficiado y nadie perjudicado porque al fin y al cabo no sería en realidad una buena acción en su totalidad y sería algo ambiguo.¿Pero cómo sé si una acción es buena? Nada que vaya contra la conciencia es bueno por lo que aquello que vaya en contra de mi conciencia será malo, y se evitará hacer. Como indican en el texto quién actué mal no sabe lo que hace o simplemente es que no quiere saberlo pero también se da el caso de que sabemos que algo está mal pero se hace igualmente. No tengo dinero para pagar el tratamiento de mi hijo que está enfermo, luego robo un banco y con ese dinero pago los medicamentos. ¿Estaría justificado?
Capítulo VII. ¿Qué convierte una accón en buena?.
Para hablar de si una acción es buena o no antes ahi que mencionar algunos aspectos que hemos tratado en capítulos anteriores, tales la el bien o el mal (o lo bueno y lo malo), la justicia, y sobre todo la consciencia, visto en el capítulo anterior.
Todas las personas deseamos el bien ante todas las cosas y nunca deseamos actuar mal, hacemos lo posible por actuar bien. Aunque tengamos esa buena inteción, no siempre ocuurre así ya que podemos encontrarnos con algunos impedimentos que jueguen en nuestra contra.
Una acción no se convvierte en buena solamente por el tipo de acción que sea o la intención que tenga el que la ejecute. La acción depende de la persona, de sus intenciones y voluntad de las causas que te lleve a ejecutarla y las consecuencias y repercusiones que tenga en los demás y en el y ambiente y también y de vital importancia, que se ajuste a la realidad.
Lo que mas me ha llamado la atención de este capítulo y que me parece lo más interesante es la parte del capítulo en el que el autor nos explica cual es el mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestris propios intereses.Y pone de ejemplo la regla moral más antigua y extendida: ``No hagas lo que no quieres que te hagan a ti´´y también cita la regla de oro que se encuentra en el Evangelio: ``Debeis hacer a los demás lo que quereis que los demás os hagan a vosotros´´. Antes de ejecutar una acción debemos pensar en estas dos reglar y contemplar las consecuencias que tendría, si cumple esta regla se podría considerar una buena acción.
Por tanto como se puede observar, para considerar que una acción sea buena se deben dar muchos aspectos.
Por último decir que no olvidemos que aunque no queramos también existen malas acciones. Ninguna persona obra siempre bien y realiza una buena acción siempre, todos obramos mal muchas veces durante toda nuestra vida, pero porsupuesto tiene una solución, existe el arrepentimiento y el perdón.
Estoy totalmente de acuerdo con mi compañera Montse, Hacer algo con buena intención no hace justo un acto, no podemos, por tanto, justificar las acciones por la buena intención. La conciencia se refiere a la capacidad que nos indica qué está bien o mal. Estas valoraciones del instante que acontece, permiten al individuo percibirse a sí mismo como alguien capaz de modificar su entorno o por el contrario como alguien sujeto a unas restricciones que le superan.
Pero, ¿qué convierte una acción buena?. Para responder esta interrogante que muchas veces nos da vueltas a la cabeza en momentos de tomar una difícil decisión, es necesario un concepto real que causa mucha picazón hoy en día: Lo absoluto. Si para ti todo es relativo y no hay ningún fundamento inmutable, entonces nunca sabrás con certeza que convierte una acción en buena. Para este fin debemos remitirnos a la conciencia: nada que vaya contra la conciencia es bueno pero, no todo lo que se hace en conciencia es bueno. Por lo tanto, la conciencia es un “órgano” no un oráculo infalible, porque puede estar mal orientada.
Como dijimos en el blog anterior la conciencia es el órgano encargado de juzgar la moralidad de los actos, si estos son buenos o malos, y siempre debemos seguirla, pues como ha dicho patricia si no vives como piensas acabas pensando como vives. También es cierto que hay conciencias formadas erróneamente y en esos casos no debemos seguirla para vivir de una manera recta y acabar pensando asi.
Para que una acción sea buena es necesario que tanto el fin como los medios para conseguirla sean buenos, como dice el refrán "el fin no justifica los medios" esto quiere decir que aunque se quiera conseguir un fin bueno como por ejemplo sacar una buena nota en un examen, no se debe hacer un mal uso de los medios como por ejemplo copiar en el examen. También se puede dar el caso contrario que seria utilizar unos buenos medios pero para conseguir un fin malo.
El hombre por naturaleza no busca ni quiere el mal, es mas el hombre rechaza el mal aunque hay ocasiones que por razones incomprensibles el hombre acaba realizando el mal.
Para evitar realizar el mal el hombre debe seguir su conciencia y no dejarse llevar por la famosa frase de "iba con buena intención" ya que si se quiere hacer el bien siempre se puede.
Para que una acción sea buena es necesario que se que se trate al hombre con calidad de persona y la dignidad máxima que esta merece, tanto a los demás como cada uno a si mismo y para que un hombre trate bien a los demás y respete es necesario el amor.
El mal es la renuncia del bien, ya que el bien siempre esta presente y es a lo que todo hombre con una conciencia recta tiende.
CAPITULO VII
¿QUÉ CONVIERTE UNA ACCIÓN EN BUENA?
“Nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno pero tampoco todo lo que se hace en conciencia lo es, ya que existe la posibilidad de que la conciencia pueda estar mal orientada”
Kant afirmaba que no existe otra cosa en el mundo que se tenga como verdaderamente bueno, sin limitaciones, que una buena voluntad. Una buena voluntad es aquella que desea el bien, es decir una buena intención. Todo el que actúa lo hace con buena intención, pero con esta afirmación podría caerse en la equivocación entonces de obviar las injusticas de los actos y justificar cualquier acto por esa buena intención. La buena intención no basta para hacer buena una acción, aunque ésta no es posible si no hay buena intención.
La buena voluntad es aquella que se deja guiar por la conciencia y considera la realidad total de su acto, es decir, la que no se esconde y se soporta por la buena intencionalidad. El mal, por tanto, radica en no querer saber que se ha actuado mal.
Lo que convierte una acción en buena es la consideración limpia de la realidad.
Acción buena es saber posponer en aquellas situaciones que así lo sugirieran y necesiten, posponer los deseos de los demás a los propios; No hacer diferencia entre el amor a ti mismo y el prójimo. El bien es aquello que precisamente no debe ni puede nunca dejar paso a otras cosas. Acción buena es aquella que hace, en definitiva, justicia a la realidad.
Actuar bien, significa saber poner entre paréntesis nuestros propios intereses y jamás hacer al otro lo que no quieres que le hagan a uno mismo; sino todo lo contrario, hacer a los demás lo que justamente queremos que los demás nos hagan a nosotros mismos.
Una acción es buena cuando en relación a las cosas nos comportamos de acuerdo con su propio valor, haciendo justicia a la realidad. Significa tratar a cada hombre como un ser que es un fin en sí mismo.
La acción buena, va de la mano de la dignidad, por ser aquella propiedad que considera al hombre como un todo de la realidad. (Tener en cuenta y hacer justicia a la realidad al completo). Y va de la mano también del amor; para que exista buena acción es necesaria la bondad del hombre, ya que la acción o el obrar sigue al propio ser, y el amor es lo que originariamente hace bueno a un hombre. (Universal benevolencia).
Una acción buena comprende también el ámbito del perdón; por tanto aquel que resulte hacer una acción buena resultará ser también el hombre que esté dispuesto a perdonar sin reservas.
Ahora bien, no se puede fijar definitivamente el límite superior de lo que hace buena a una acción, ya que casi siempre es posible algo mejor de lo que uno hace.
Como dice Montse, hacer algo con buena intención no hace justo un acto, no podemos, por tanto, justificar las acciones por la buena intención. Pero creo que siempre es mejor que haya una buena intención al tomar decisiones, que tomarlas, sabiendo que hieres a alguien, o haces algún mal. Desde mi punto de vista creo que sí que te justifica, lo has pensado y has decidido lo que crees que es mejor.
Pensando en la pregunta; ¿Qué convierte una acción en buena?, lo primero que me viene a la cabeza es que cualquier acción que se haga con buena voluntad e intención ya es buena, aunque el resultado no sea lo que se esperaba. Desde mi punto de vista, lo primero es la intención y la voluntad, es decir, creo que es un buen comienzo para una buena acción. Pero como dice Paula, solo si tanto el fin, como los medios son buenos, consideraría buena y justa la acción. No sirve de nada hacer una mala jugada para llegar a un fin con buena intención y viceversa. También creo que si el fin y los medios son buenos, aunque no salga bien lo que se pretendía, ya tienes parte del éxito por haberlo intentado limpiamente.
La conciencia te suele conducir a lo que esta bien y lo que esta mal, pero como ya he dicho, suele, ya que estamos hablando de un “órgano” y no de un oráculo infalible, y tu propia conciencia puede engañarte. Por esta razón no estoy de acuerdo con Paula en que para evitar realizar el mal el hombre debe seguir su conciencia y no dejarse llevar por la famosa frase de "iba con buena intención" ya que si se quiere hacer el bien siempre se puede, por que tu conciencia puede engañarte y llevarte a hacer el mal, aunque tu siempre quieras el bien.
Spaemann afirma que todo aquello que vaya en contra de la conciencia no es bueno.
¿Cuándo sabemos qué es una buena voluntad? La respuesta es: todo aquello que quiere un bien, es decir, cuando realizamos una serie de acciones para conseguir un fin bueno con unos medios justificables que no atenten contra aquello que está correcto, además, como bien decía Platón “nadie puede obrar si no es por amor a un bien, de un valor”.
Las personas obramos siempre para una buena causa, ya que por naturaleza buscamos la felicidad, y no podemos llegar a ella a través de malas acciones puesto que la felicidad y el mal se contraponen y aquellas acciones malas no pueden ser justificadas.
Spaemann dice que el mal es una renuncia a prestar atención y que quien actúa mal no sabe lo que hace, yo no estoy de acuerdo con esto porque opino que todas las personas tenemos conciencia y sabemos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, creo que los únicos que pueden desconocer dichos conceptos son aquellas personas que estén afectadas mentalmente, porque no saben lo que hace, pero por ejemplo, la acción de matar es mala, nadie tiene el derecho de quitarle la vida a otra persona, y me parece que cuando una persona mata a otra sabe qué es lo que está haciendo.
También considero que utilizar el mal como medio para llegar a un fin bueno, no es correcto, porque me parece que no es adecuado.
CAPÍTULO VII: LO ABSOLUTO O ¿QUÉ CONVIERTE UNA ACCIÓN EN BUENA?
Con la lectura y discusión del capítulo anterior concluimos que todo aquello que se haga en contra de la conciencia no será bueno, pero, matizábamos: “en contra de la conciencia bien formada”. Y, por ello, también concluimos que no todo lo que se hace en conciencia es bueno ya que esta puede estar deformada o mal orientada. Entonces si no siempre el actuar en conciencia significa actuar bien, nos preguntamos, ¿una acción será buena siempre que se actúe con buena intención? Obviamente no. Que yo tenga buena intención al pegarle a mi hermana no significa que pegarle haya estado bien por mi parte ni que sea una buena acción. Ni mucho menos. Por tanto, la buena intención no modifica la naturaleza de la acción, aunque sí que podemos afirmar que una acción buena no es posible si no hay buena intención.
“No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”. Podríamos determinar esta norma como determinante para saber cuándo algo que vamos a hacer será bueno para otra persona porque si lo es para mí, para el otro también, podríamos pensar. Pero estoy de acuerdo con Bernard Shaw, puede que el otro no tenga el mismo gusto que tu o que no le siente bien lo mismo que a ti. Por ello, este criterio tampoco nos sirve para saber si una acción es buena. Entonces, ¿qué es lo que hace buena una acción? Que tenga en cuenta la realidad. Y por ello es importante que en relación con las cosas, con los animales, las plantas y los hombres, e incluso nosotros mismos, se comporte uno de acuerdo con su valor propio (hacer justicia a la realidad), y esto significa que tratemos a cada hombre como un ser que es un fin en sí mismo.
No debemos obrar en contra de nuestra conciencia ya que actuar
a sabiendas en contra de nuestra conciencia no tiene justificación.
En nuestras acciones debe de primar la voluntad: ya que es aquella que desea el bien, y la atención: ya que sin ella es difícil dirigirnos a buenas acciones.
En cuanto a la frase:”el obrar sigue al ser”, quiere decir, que el hombre no realiza buenas acciones sino es siempre con amor. Las buenas acciones no pueden ser confundidas con las intenciones de cada cual, lo bueno es bueno porque lo es en sí mismo, no por las intenciones que intentan recubrir la acción.
“No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Como bien dice Elena Terry esta frase la conocemos por el Evangelio, por lo que como cristianos sabemos que las consecuencias dependiendo de nuestras acciones nos afectan de mejor o peor manera, pero no hay que olvidarse de que las malas acciones no son recibidas con buen gusto por nadie, y por lo tanto hay que pensar en el prójimo y saber que no hay que hacer lo que a uno no quiere que le hagan. Por lo que hay que seguir a la conciencia de uno mismo, bien formada.
Capitulo VII: "lo absoluto o ¿que convierte una accion en buena?
Kant escribie que no se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sinlimitacion por bueno, a no ser una buena voluntad. Una buena voluntad es aquella que busca el bien, que busca la verdad. Todo el que actua, en teoria, tiene una buena intencion. peor la buena intencion se podria convertir facilmente en justificacion para las injusticias o maldades.
Nadie puede obrar si no es por amor de un bien, de un valor, si no busca la verdad. Pero ni siquiera la buena intencion justifica la injusticia del acto. si intento justificar una accion creo que es una buena intencion ese acto no es autentico.
Pero, ¿y si esa accion es buena en si misma?. No he llegado a entender porque hace falta un aml para usarlo como poder para conseguir una accion que relativamente no es mala en si misma. Porque lo que esta mal esta mal. Aquel que actua mal sabe que esta actuando mal por eso no quiere saberlo. Una accion es buena en si misma cuando se tiene en cuenta la realidad.
el texto habla de los ideales de cad persona, y yo considero que el ideal de una persona no justifica para nada que esa accion sea mala en si misma.El bien no ses un ideal porque por esa regla de tres los musulmanes se inmolan de acuerdo con su ideal, pero esa accion es mala en si misma.
Respecto a la afirmacion "no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti" me atrevo a decir que si siguieramos esta afirmacion entrariamos en guerra constantemente ya que los terroristas no siguen esa politica.
Hacer justicia a la realidad significa seguir tu propia realidad, pero ¿y si mi realidad no coincide con la otra persona de otra cultura?
Entra en juego la dignidad de la persona. No es un trozo de la realidad sino que es su conciencia la quedebe hacer justicia a la realidd como a un todo. Como ser moral el hombre merece un respeto incondicional.
En muchas ocasiones la realidad no nos presenta lo bueno o lo malo de las cosas, pero los hombres con nuestra capacidad sabemos aque hacer en muchas otras situaciones.
No estamos obligados a hacer lo mejor posible las cosas sino que estamos en el deber de hacerlo lo mejor que uno pueda, porque por ejemplo no todo el mundo puede sacar un 10 en todas los examenes de su vida.
Y por ultimo considero que las acciones en las que se daña la dignidad humana no son buens en si mismas. No estoy de acuerdo con que las acciones dependen de las pecularidades de cada no, puesto que las acciones son buenas o malas y no dependen de otros factores.
Respondiendo a la pregunta inicial del capitulo. ¿ que convierte una acción en buena? En mi opinión la respuesta correcta tras la lectura del capitulo sería que una acción se convierte en buena cuando por encima de todo se respeta la dignidad de las personas, atendiendo siempre a la conciencia( no deformada en ningun caso) y atendiendo a la realidad y hábitos morales.
Un acción es buena cuando es justa, y libre. No por ello quiero decir que toda acción justa y libre sea buena, sino que es una de las condiciones que ha de cumplir para llegar a serlo.
Pero sin duda destacaría para la resolución de esta pregunta, el pensamiento y afirmación de Kant:“obra de modo que la forma de tu conducta pueda erigirse en norma de conducta universal”
ya que si es modelo a seguir indica su validez.
CAPÍTULO VII: “Lo absoluto o ¿qué convierte una acción en buena?”
Para comenzar me gustaría repasar algunas cuestiones que tratamos en el capítulo anterior, donde vimos que nada de lo que se haga contra la conciencia puede ser bueno. Esto no significa que todo lo que hagamos en conciencia sea bueno, pues la conciencia es un órgano, por lo tanto puede estar mal orientada. Por otro lado la conciencia de cada persona está orientada de una forma que ningún “juez” puede dictaminar si alguien está actuando realmente en conciencia o no, lo que nos incluye a nosotros también.
Kant escribe: "No se puede pensar que exista algo, dentro o fuera del mundo, que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad"
A lo que nos preguntamos ¿qué es entonces una buena voluntad?
No debemos confundir una acto realizado con buena voluntad o buena intención, con un acto bueno.
Pues entonces la buena intención se podría convertir fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. Porque un terrorista mate a alguien como venganza con la buena intención de hacer felíz a otra persona no quta que ese acto sea malo.
Todo el que actúa tiene, en cierto modo, una buena intención. Nadie quiere el mal como tal. Todo el mundo desea algo positivo, algún valor, sea que se trate del placer, de una satisfacción espiritual, incluso de la felicidad de los demás, de la justicia, o de lo que sea.
Pero, como dice Montse, hacer algo con buena intención no hace justo un acto, no podemos, por tanto, justificar las acciones por la buena intención.
Para que una acción sea buena hace falta también que se trate al hombre con la dignidad y el respeto que éste merece. En el Evangelio nos dice: ”Debeis hacer a los demás lo que quereis que los demás os hagan a vosotros” , aunque de esta frase habría que matizar que, esto no significa que hay que pensar si los demás quieren todo lo que nos gustaría que nos hiciesen a nosotros pues a lo mejor no todos quieren lo mismo que yo.
Es importante también tener una visión objetiva de la realidad a la hora de realizar una acción.
¿Qué convierte una acción en buena?
La cuestión de esta semana me lleva a reflexionar sobre temas anteriores que hemos tratado, en concreto en el de la conciencia.
Se supone que cuando actuamos consideramos que esa acción ha sido buena cuando la realizamos acorde con nuestra conciencia, es decir, "actuamos en consideracion con nuestra conciencia, con nuestra etica y moral" pero yo me pregunto: ¿y que pasa con nuestros valores?. También debemos considerar una acción buena cuando ésta se ha basado en valores. Si, pero ¿qúe valores? ¿de que hablamos exactamente cuando decimos valores?. Me ha gustado mucha esta aclaración que hacia usted: "los valores no son acciones, sino apreciaciones de la realidad, ser capaz de captar en qué consiste hacer justicia a la realidad...". Eso es, son "apreciaciones de la realidad".
Nuestra sociedad también se basa en valores. Hemos hablado de en lo que nos basariamos nosotros mismos,nuestra persona,para realizar una acción pero resulta que ésta no solo es juzgada por nosotros, sino que tambíen debe ser juzgada y aprobada por la sociedad. Y ¿qué sustenta a una sociedad? sus VALORES. Por ello, esta sociedad en valores también debera analizar nuestras acciones y considerar si son buenas o no.
Y totalmente de acuerdo con mi compañera Elena: "Una acción no se convvierte en buena solamente por el tipo de acción que sea o la intención que tenga el que la ejecute. La acción depende de la persona, de sus intenciones y voluntad de las causas que te lleve a ejecutarla y las consecuencias y repercusiones que tenga en los demás y en el y ambiente y también y de vital importancia, que se ajuste a la realidad".
Todo ello, es lo que nos lleva a considerar si la acción es buena o no. ¿en qué se basa esa acción? ¿en qué consiste? esas cuestiones son las que nos llevaran a valorarla.
¿Qué es lo que hace que una acción sea buena?
No hay seguridad de que todo lo que se haga en conciencia sea bueno. Es por esto decisivo saber formarla adecuadamente, educarla. Otro aspecto importante es el que no siempre el hombre hace caso a su conciencia. Efectivamente, nadie puede saber si un hombre actúa en conciencia o no.
En todos los actos del hombre se sigue siempre un principio, una “buena intención”. Ninguna acción persigue el mal de forma absoluta. Con “buena intención”, se refiere a lo que un hombre considera como bueno, de acuerdo con su conciencia. De aquí la importancia de la correcta formación de la conciencia.
El mayor obstáculo cuando se trata de juzgar objetivamente lo que tenemos que hacer, reside en la falta de disposición para poner entre paréntesis nuestros propios intereses. Personalmente, creo que los hombres que saben querer a las personas, son hombres buenos por lo general.
Por último, me gustaría destacar la frase del autor de que “Lo que hace bueno al hombre, tiene un nombre en la tradición cristiana: amor”. Es una actitud de fundamental afirmación de la realidad.
Creo que este capítulo da ideas para entender mejor el por qué de seguir siempre la conciencia, aspecto que no quedó muy claro en la clase anterior, pues había quien afirmaba que no hay porque seguir siempre la conciencia. El capítulo comienza con un resumen de la idea general que se transmitió en el anterior: “nada de lo que se haga en contra de la conciencia puede ser bueno” la conciencia por ser un órgano y no un oráculo puede estar mal orientada. Ningún juez externo puede decirnos si alguien actúa realmente en conciencia y ni siquiera nosotros mismos estamos libres de dudas al respecto.
La conciencia es la mirada que el hombre dirige al bien, pero como dice Speamann “el ojo no puede verse a sí mismo” por ello “debemos seguir aquello que nos parece ver”.
Kant decía que no se puede pensar que exista algo dentro o fuera del mundo que pueda ser tenido sin limitación por bueno, a no ser una buena voluntad.” ¿Qué es entonces una buena voluntad? Aquella que desea el BIEN. Pero en función de esto, ya no podemos responder como Kant al bien con la mera buena voluntad, pues si el conocimiento del bien se reduce a la buena intención ésta se convertiría fácilmente en justificación para todo tipo de injusticias y maldades. “Todo el que actúa tiene en cierto modo una buena intención” pues nadie quiere el mal como tal”. Todos buscamos en nuestro quehacer algo más, ya sea un bien placentero, una satisfacción espiritual o incluso la felicidad de los demás.
El mal consiste en que al perseguir ese bien de una manera que se puede justificar, se cause o se acepte a cambio un mal, sobre todo si hace que otros paguen el precio. En esta línea, la buena intención no cambiaría en nada la injusticia del acto.
La limitación humana es lo que nos hace actuar de este modo; no es tanto que queramos el mal en sí mismo, sino que lo permitimos y justificamos como medio y lo aceptamos como precio para conseguir un fin que en sí mismo no es malo.
De aquí podemos deducir que si todo acto se justificara por esta buena intención, el más inocente sería el que lograse con mayor perfección expulsar de su conciencia, los aspectos negativos de su comportamiento.
Es precisamente la conciencia la que dificulta esa expulsión y nos recuerda el conjunto de consecuencias positivas y negativas a las que conlleva nuestra actuación. La conciencia es como una llamada de atención. Solo podemos llamar buena voluntad a aquella que se deja obligar, guiar, orientar por la conciencia y considera la realidad total de su procede, no se tiene en cuenta lo negativo. El mal no está tanto en poner mala intención en el obrar, sino en no querer saber esas consecuencias malas o negativas del propio obrar.
¿QUÉ ES LO QUE HACE QUE UNA ACCIÓN SEA BUENA? Podemos responder con dos ideas esenciales:
1. La bondad del acto
2. Que haga justicia a la realidad
La bondad del acto es la mirada limpia a la realidad. Aspectos como el sentimiento momentáneo, sensibilidad, ambición, poder, ideales… es lo que enturbia esa bondad.
El bien es lo que no puede nunca dejar paso a otras cosas. Hacer en el momento en el hoy y ahora lo que es bueno en ese momento concreto. De este modo lo moral no es algo accidental, no es algo ajeno al recto orden, a la adecuación con la realidad, sino que es precisamente algo que va unido al bien. Moralidad y realidad son ciertamente lo mismo; lo bueno es lo que hace justicia a la realidad. El mayor obstáculo para juzgar con objetividad lo que hemos de hacer está en la falta de disposición por apartar nuestros intereses personales.
El que un acto sea bueno es decisivo que “en relación con las cosas, animales plantas y los hombres, e incluso nosotros mismos, se comporte uno de acuerdo con su valor propio, es decir, que hagamos justicia a la realidad.
La voluntad es la capacidad de los seres humanos que les mueve a hacer cosas de manera intencionada. Es la facultad que permite al ser humano de gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado. La voluntad es el poder de elección con ayuda de la conciencia.
No obstante, no se debe de caer en la falacia de que un acto realizado con buena voluntad justifica las consecuencias de este.
El mal consistiría en realizar un acto de manera injustificada. Cuando llevamos a cabo algo malo nuestra conciencia centra la atención en los posibles aspectos positivos.
El problema aparece cuando aun sabiendo que estás actuando de manera incorrecta no quieres saber que es aquello que haces mal.
Por lo que podemos llamar buena voluntad a aquello que tiene influencia de la conciencia.
Una acción es buena cuando se tiene una perspectiva ecuánime de la realidad.
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