lunes, 16 de mayo de 2011

Capítulo 8: la serenidad

Paso a señalar algunos lugares de interés de este último capítulo.

1. Consta en este capítulo la intimísima relación existente entre el "carácter inmanente del ser vivo" y "el vivir ético", es decir, la relavancia antropológica de esa nota metafísica de todo ser vivo.

2. Realismo ético: libertad con un punto de partida y libertad que configura la propia vida. Estas tesis superan con mucho la propuesta roussoniana relativa a la espontaneidad de la libertad; como también la falacia de la libertad como autonomía, en su referencia al orgien (partimos de algún sitio), y en su referencia al fin (nos dirigimos a la relación interpersonal, a la no-autonomía, a la no-independencia).

3. Responsabilidad, superación de toda frivolidad, necesidad imperiosa de "decidir atendiendo a lo real": "la propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actual. Pero esto tampoco le servirá de nada porque la omisión se le convertirá en destino".

4. Las cosas más relevantes de nuestra propia biografía no son "elegidas", sino que "nos las encontramos". Cierto que nuestras decisiones son relevantes, pero se entrecurzan con otras tantas circunstancias no elegidas. O desesperamos de la relevancia de nuestras decisiones -todo queda sumido en el devenir histórico que está fuera de mi dominio-, o "acepto", "asumo" el sentido de lo que no elijo, pero "encuentro en el camino".

La cuestión es ¿Qué postura adoptar ante lo que "sucede"? Fanatismo, cinismo y serenidad.

En cuanto al cinismo, os dije (creo) que los cínicos me dan miedo. La perspectiva que adopté respecto al cínico era la de su capacidad de mentir con la palabra y con el cuerpo. Aquí la mentira es "posición existencial" frente a la realidad. Tal vez se entienda aún más por qué hay que "huir" del cínico -Spaemann propone combatirlo si se dedica a hacer daño-.

Y nada más. Espero que os ayude a reflexionar...

23 comentarios:

Patricia Hidalgo Cantero dijo...

CAPITULO 8: Serenidad o actitud ante lo que no podemos cambiar

La ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros. Cada persona debe hacerse cargo de sus propios comportamientos intentando darle un sentido absoluto.
Por lo tanto, cada persona es responsable de sus acciones.

El que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad. Solo lo hace al empezar a actuar, ya que así ha aceptado el destino, tanto el pasado como el futuro.

No solo la realidad es como es, sin nosotros, si no que nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar.
Nosotros somos así por nuestras acciones. Dependiendo de las acciones que hayamos realizado y las acciones que vayamos a realizar así será nuestro comportamiento, en definitiva, así seremos nosotros: cada palabra que digamos, cada gesto que hagamos, cada cosa que hagamos en la vida…nos modelará de manera irrevocable.

No podemos controlar las consecuencias de nuestras actividades, por eso debemos ser fuertes ante el dolor que eso conlleve.
Por eso podemos decir que la vida de cada hombre es un todo sentido, porque el sufrimiento es también una forma de acción.

También en el texto podemos ver tres términos importantes a resaltar:

1. El fanatismo es el apasionamiento del fanático, una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias u opiniones, piensa que no hay más sentido que el que nosotros damos y ponemos.

2. El cinismo hace referencia a la impudencia, la obscenidad descarada y la falta de vergüenza a la hora de mentir o defender acciones que son condenables.

Se considera el término contrario al fanatismo, aunque tiene un parecido sorprendente.

3. Serenidad no significa pasividad, sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude a modificándola.
Las personas serenas logran pensar antes de decidir y no se sienten demasiado asustadas, preocupadas o ansiosas por el porvenir.

Marta Galaup dijo...

La dignidad del actuar humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio, como si fuese un simple elemento inconsciente. Cada vida humana es más bien un todo de sentido. Es el mismo individio quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto. Incluso si actúa a manera d eprueba, experimentalmente, o no quire prever las consecuencias de su acción, lo que aquí y ahora ha hecho o dejado de hacer es algo irrevocable y forma ya parte de su vida para siempre.
Pero, ¿cómo podemos responder de ellos si sabemos a la vez que todos nuestros actos no son más que momentos parciales de un más amplio acontecer que para nada está en nuestras manos? Si entendemos la libertad como simple independencia, entonces no nos queda más que una cosa: suicidarnos, sustrayéndonos así a la marcha del mundo. Pero este acto niega en ese mismo momento la libertad que realiza. Constituye un ejercicio de la libertad, pero, después, ésta aparece.
El que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad. Lo hace al actuar. Al comenzar a actuar ha aceptado ya el destino, tanto el pasado como el futuro. ¿Cómo es esto? Para el hombre no existe acción alguna que no tenga presupuestos, que venga de la nada y conduzca a la nada, eso significa ya haber aceptado unas condiciones dadas.
A diferencia de los animales, los hombres, al actuar, modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento. Esto es lo que llamamos historia. Quien no puede o no quiere hacerlo sigue siendo un niño.
No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar.
Nuestros "ser-así" no es una magnitud fija que determina nuestra actividad, sino que, al contrario, viene configurado continuamente por nuestras acciones.
Actuar significa siempre desasirse de sí, despreocuparse de sí y de las propias intencions. La actitud finita, es, a la vez, una ejercitación de la muerte. En realidad no existe una frontera clara entre actuar y sufrir. Aquél incluye inmediatamente éste. Si es verdad, y, con todo debemos seguir aceptando que la vida de cada hombre es un todo de sentido, es sólo porque lo contrario también es verdad, es decir, porque el mismo sufrimiento es también una forma de acción. O nuestra acitividad es absorbida y neutralizada por la exterioridad del destino coo las ondas concéntricas que produce una piedra en un gran lago, o nos situamos en una consciente y expresa relación con lo que sucede y lo incorporamos así al sentido de nuestra vida.

ana carmona cuesta dijo...

La ética hace referencia a los actos que no dependen de nosotros mismos.

En este capítulo me parece importante destacar tres conceptos:

-El fanatismo: es el apasionamiento del fanático, que defiende sus ideales y sus creencias de una manera despropocionada. Piensa que no hay más sentido que el que nosotros damos.

-Cinismo: este concepto hace referencia a la falta de vergüenza a la hora de mentir o de defender sus acciones por malas que sean. Una persona cínica no solo miento de palabra sino que también con el cuerpo.

-Serenidad: es la afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola. Serenidad no se identifica con pasividad. Las personas serenas tienen la capacidad de pensar antes de llevar a cabo una acción o de decidir algo.

Otro punto que me ha llamado la atención es que a la hora de llevar a cabo unas acciones el ser humano en cierta medida no puede prevenir todas las consecuencias que estas conllevan, por lo que puede provocar daños en los demás de manera insconsciento. Por eso decimos, que en cierta manera, el hombre no puede controlar todas las consecuencias de sus acciones, pero si las consecuencias más cercanas a él y más al tratarse de malos actos, ya que las consecuencias serán mayores.
Por todo lo anterior decimos que la vida de cada hombre es un todo sentido, ya que el sufrimiento es también una forma de acción.

Otro aspecto relevante atendiendo a las acciones que realiza el hombre es su formación del comportamiento a partir de las acciones que haya realizado y vaya a realizar, ya que dependiendo de estas así seremos nosotros.

Amalia Cánovas del Castillo dijo...

La ética es la ciencia que nos dice si un acto está mal o bien. Cada uno es dueño de sus actos porque somos libres, pero no es una justificación para hacer lo que quiera como suicidarse porque atenta contra su vida. Queda “fenomenal” eso de yo es que soy así y no puedo cambiar. Eso es una excusa barata para justificar algo que se ha hecho mal.
No solo la realidad es como es, sin nosotros, si no que nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar. No estoy de acuerdo con eso, por que una persona puede cambiar de peor a mejor.
Con lo que dice Patricia “No podemos controlar las consecuencias de nuestras actividades, por eso debemos ser fuertes ante el dolor que eso conlleve.”. Opino que una persona es más libre cuando hace una acción y asume sus consecuencias como persona adulta que es. En realidad no existe una frontera clara ntre actuar y sufrir. Podemos situarnos con lo que sucede en relación el fanatismo, cinismo y serenidad. El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad sino la realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Serenidad no significa pasividad, sino afirmación de una realidad que merece que se le ayude a modificándola

Teresa Esteban dijo...

SERENIDAD O ACTITUD ANTE LO QUE NO PODEMOS CAMBIAR

La realidad es la que es por lo que es con independencia de que e obrar humano intervenga o no, por ello es importante que el hombre mantenga una relación positiva con la realidad misma.

La dignidad del actuar está cargada de sentido. Es cada individuo quien debe responder de su comportamiento en un sentido absoluto. Lo que ha hecho o dejado de hacer es algo irrevocable y forma parte de su vida para siempre, como tal, tiene que responder de ello. El que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad sino que lo hace al actuar. La realidad es como es, nosotros somos como somos sin poderlo modificar. Ante un acto injusto podemos apelar al “es que soy así” sin embargo es mala excusa puesto que nuestro “ser-así” no es magnitud fija sino que determina nuestra actividad, viene configurado por nuestras actuaciones.

Actuar, obrar, implica estar dispuestos a someterse al dolor del destino. Hay tres formas de relacionarse con lo que sucede: fanatismo, cinismo, serenidad.

El FANÁTICO es aquel para el que no existe más sentido que el que él mismo da y pone.

El CINICO es aquel que no adopta el sentido de la realidad, confronta realidad y sentido, en definitiva, renuncia al sentido. Para el cínico, la acción, es un acontecer mecánico. Priva al hombre del sentido de la vida.

La acción sólo tiene sentido cuando nos situamos en una relación positiva con la realidad. Llegamos pues a la tercera forma de relación con la realidad: la SERENIDAD. La persona serena es aquella que toma una actitud positiva, equilibrada ante la realidad, es la actitud de aquel que acepta voluntariamente como un límite lleno de sentido lo que él no puede cambiar. Lo que no podemos cambiar –la realidad misma- ocurre de todos modos lo aceptemos o no y por ello debemos estar a buenas con ellos pues sino no podemos estar a bien con nosotros mismos. Quien no acepta el destino no puede aceptarse a sí mismo y sin amistad con uno mismo no se puede darse la vida recta.

La serenidad es en cierto modo una liberación para el hombre. Quien asume voluntariamente lo que de todos modos sucede nada e puede suceder contra su voluntad. La persona serena actúa con firmeza pero acepta la marcha de las cosas. Serenidad no es pasividad, renunciar a cambiar el mundo, sino afirmación de una realidad que merece se le ayude modificándola. La serena aceptación de la realidad es la clave para vivir amistosamente con uno mismo y por ello con sus semejantes, condición por tanto de una vida feliz.
La persona serena debe comunicar la serena aceptación del destino. Deber es incorrecto pues la autentica serenidad lleva a la necesidad de transmitir de forma natural su felicidad. Serenidad es la propiedad del hombre feliz.

Teresa Esteban dijo...

Podemos concluir que la serenidad es algo esencial a formar parte de la vida del hombre.

La serenidad evita caer en ser personas atormentadas por el pasado o por no ser aquel ideal que creemos deberíamos ser, evita que caigamos en ser personas con falta de equilibrio interior y estabilidad personal. Como se señala en el capítulo, es la solución para evitar caer en el fanatismo o cinismo.

Serenidad es dotar de sentido nuestro actuar y más aun nuestro ser, nuestra propia existencia.
Como maestras podemos y debemos caer en la cuenta que esta cualidad de la persona se educa desde la infancia a través del autocontrol o control interior, a través de afrontar situaciones nuevas, a través de evitar que el niño “sufra”. Por el contrario, dejar que experimente pequeñas derrotas, contratiempos o fracasos de tal modo que podamos orientarle para ver en ello un modo de crecer, un modo de aprender, un modo de dar un sentido nuevo, positivo a eso que percibimos como malo.

Forjar las virtudes que propician a ser personas ecuánimes, positivas con la vida y con la lucha diaria por ser mejores, al fin y al cabo a ser personas serenas.

Lo propio de la persona serena es entre otras la paz interior, lo cual lleva a la felicidad. Ser feliz no es tanto un deber que debamos transmitir a los demás sino que es algo que llevamos dentro, que forma parte intrínseca de nuestro propio ser y por tanto lo transmitimos, lo damos a lo demás de forma natural, espontáneo.

Ser personas serenas es ser personas que están en paz consigo mismas, es ser personas felices. Formas personas serenas es formar para la felicidad.

Mª Jesús Martín-Buro García de Dionisio dijo...

La Ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros. Aquello que es como es sin intervención nuestra, no parece que pueda ser objeto de la reflexión ética.

La dignidad del actuar humano reside en que no forma parte de un acontecer más amplio, como si fuese un simple elemento inconsciente. Es el individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto.

La libertad como simple independencia, entonces no nos queda más que una cosa: suicidarnos sustrayéndonos así a la marcha del mundo. Constituye un ejercicio de la libertad, pero, después, ésta desaparece. Al comenzar a actuar ha aceptado ya el destino, tanto el pasado como el futuro. Para el hombre no existe acción alguna que no tenga presupuestos, que venga de la nada y conduzca a la nada, eso significa ya haber aceptado unas condiciones dadas. La acción política lo que significa es hacer algo lleno de significado, algo razonable en las actuales condiciones, que nosotros no hemos escogido, es decir, lo mejor que permiten esas circunstancias, y que quizás puede consistir en intentar cambiar esas condiciones.

Los hombres, al actuar, modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento. No sólo la realidad es como es, sin nosotros, sino que, en alguna medida, nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar. Nuestro "ser así" no es una magnitud fija que determina nuestra actividad viene configurado continuamente por nuestras acciones.

En el transcurso de nuestra vida descubrimos las fronteras que nuestra naturaleza nos traza de antemano. Es importante reflexionar sobre esto, porque pertenece a una vida justa tener la clara conciencia de que todo lo que hacemos nos modela de manera irrevocable. La propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actuar. Pero esto tampoco le servirá de nada porque la omisión se le convertiría en destino.

No podemos controlar las consecuencias a largo plazo de nuestra actividad. No sabe¬mos lo que a la larga se sigue de nuestras acciones.

Actuar significa siempre desasirse de sí, despreocuparse de sí y de las propias intenciones.
Debemos seguir aceptando que la vida de cada hombre es un todo de sentido porque el mismo sufrimiento es también una forma de acción.

El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.

El cínico, aunque de un parecido tan sorprendente que, en la práctica, se confunden. El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido.

En el fondo, ambos están de acuerdo, desde el principio, en que la realidad que rodea nuestras acciones, que les sirve de presupuesto y en la que desembocan, no tiene sentido.

Quizás puede ayudarle el amor, pero sólo si él quiere y ve que el cinismo es una enfermedad que priva al hombre del sentido de la vida.

La actitud razonable del hombre frente al destino, la denominamos serenidad.

Epicteto y Séneca alabaron la aceptación del destino como la liberación definitiva del hombre. Los estoicos enseñaban a no tener pasiones y condenaban incluso la compasión: hay que actuar exclusivamente por pura razón moral.

La doctrina cristiana se diferencia de cualquier otra por su mayor realismo y por una motivación nueva.

Mª Jesús Martín-Buro García de Dionisio dijo...

La resignación ante lo inevitable es verdaderamente humana sólo si lo inevitable se muestra realmente como tal.

La disposición de quien actúa es la de aceptar también como llenos de sentido sus fracasos.

Dios es origen y garante de las exigencias morales y señor de la historia. Dios es honrado también con nuestros fracasos y, además y esto es lo principal, garantiza la armonía definitiva de nuestras intenciones con la marcha del mundo.

Al buen comportamiento pertenece por eso la confianza en que ese caso no se da; la confianza en que el bien lleva al bien, al menos en general y a largo plazo. La fe en Dios incluye por eso la idea de que las malas intenciones deben trocarse a la larga en su contrario y colaborar al bien.

La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo.

Serenidad no significa pasividad, renuncia a cambiar el mundo, sino afirmación de una realidad que merece se le ayude modificándola. Cada hombre es un nuevo modo de hacerse consciente el mundo.

La serena aceptación de la realidad es, como vimos, la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo; la condición por tanto de una vida feliz, y la condición para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad. Aceptamos el mundo tal como nos lo entregaron los mayores, y hemos mostrado ya cómo los jóvenes reciben de alguna manera la herencia que se les entrega, y prosiguen nuestros propósitos. La amistad entre las generaciones es condición para que el destino, que rodea nuestra actividad, no se muestre como algo enemigo.

Los mayores tienen la tarea de dejar a los que vengan después un mundo tal que ellos puedan comenzar con esa herencia, de modo que no se enfrenten a él como a una poderosa infraestructura a la que no se pueden acomodar, y de manera que no tengan que recibir una herencia diezmada y expoliada.

No existe sustitutivo alguno para la serenidad, nunca y bajo ninguna circunstancia, sobre todo bajo las malas; pero existen muchas circunstancias que dificultan vivirla. La persona feliz tiene la necesidad natural de comunicar su felicidad. Y la alegría participada es doble felicidad. La serenidad es una propiedad del hombre feliz.

Victoria Durán Faustmann dijo...

Capítulo VIII. Serenidad o actitud ante lo que no podemos cambiar.
Ante aquello que sucede se pueden adoptar tres posibilidades: fanatismo, cinismo y serenidad.
El fanatismo sostiene que el sentido es el que nosotros ponemos y damos, no hay más que ese sentido. El fanatismo tiene esa falta de realidad que le caracteriza.
Lo contrario del fanatismo es el cinismo. El cinismo renuncia al sentido, considera que la realidad carece de éste, cree en el derecho del más fuerte. El cínico es aquella persona que priva al hombre del sentido de la vida.
Aunque sean lo contrario (fanatismo y cinismo) están de acuerdo en que la realidad de nuestras acciones no tiene sentido. Al cabo de un tiempo aquella persona fanática, cuando experimenta la realidad, su poder, se convierte en cínica.
Por último nos queda la serenidad. Es la “actitud razonable del hombre frente al destino”. Mientras que en el fanatismo el sentido es aquello que damos y ponemos, la serenidad acepta lo que no pude cambiar, acepta los límites. La serenidad sostiene, al contrario que las dos anteriores posibilidades, que quien no acepta el destino no se pude aceptar a sí mismo.
Así que Epicteto y Séneca sostenían que a quien acepta, voluntariamente lo que acontece, no le puede ocurrir nada en contra de su voluntad. De esta manera es cuando somos realmente libres.
Aun sabiendo que no es ni por su elemento ni por su actividad una persona serena actúa con firmeza.
Una de las obligaciones del hombre, con sus iguales, consta en el facilitarles la serena aprobación del destino

Ana Luisa Juez González. dijo...

Aceptar las consecuencias que conllevan nuestras acciones implica un poder crecer, un avanzar.
Nuestras acciones son el reflejo de cómo es cada uno.
En cuanto a la frase: “la realidad es como es, sin necesidad de que estemos nosotros, y nosotros somos como somos". Ante esta afirmación, no podemos caer en el error de llevarla a nuestro terreno o encubrir así nuestras acciones : diciendo “yo soy así ”o “no puedo cambiar” Si nos adueñamos de estas frases de mala manera, esto implicaría que en muchos momentos adoptásemos una postura cómoda de encubrir nuestras malas acciones diciendo estas frases, por lo que no estaríamos actuando según nuestra conciencia, sino que nos dejaríamos llevar por ese carácter “construido por nosotros”(cada uno a su manera y parecer) ,sin estar adecuado a la realidad.
Cada uno debemos saber que somos libres, siempre teniendo por delante la realidad o lo que es lo mismo, la verdad.

Spaemann hace referencia a tres conceptos de relacionarse con lo que sucede: El fanatismo ,cinismo y la serenidad.
Como actitud digna de seguir, empezaré haciendo referencia a la serenidad. La serenidad es aquella actitud que mantiene un alto equilibrio ante la realidad, es una actitud además de positiva, razonable ya que acepta la realidad y consigue el poder convivir con los demás , y lo más importante de todo, con uno mismo.
Además , tener una actitud serena ante las cosas que suceden, nos ayuda a saber aceptar un fracaso o una derrota, y aceptar un éxito(sin caer en una locura de éxito o fracaso). Esto es propio de una postura serena ,ya que cuando se llega a adoptar dicha postura, cada uno es capaz del control de sí mismo y acepta las cosas de manera equilibrada, lo cual es muy importante para una vida feliz.

Los otros dos conceptos a destacar de Spaemann son :El fanatismo que describe a una persona que no admite diferentes ideas, sino que la suya es la que el da y pone. Y el cinismo, que renuncia el sentido y adopta la postura de “el derecho del más fuerte”.

María Ramos López-Quesada dijo...

La lectura de este texto me ha recordado a una famosa frase que leí hace tiempo y que dice “dame señor fortaleza para cambiar todo lo que se pueda cambiar, dame serenidad para conformarme con lo que no puedo cambiar y dame sabiduría para distinguir unas cosas de otras”.
En efecto, para el autor la serenidad es la actitud razonable del hombre frente al destino. Aquí el destino significaría la realidad en la que vivimos y que en parte nosotros mismos forjamos con nuestros actos y en parte nos viene dada y supera nuestra voluntad. La actitud razonable coincide con la idea de sabiduría que podemos definir como una virtud fundamental que nos sitúa en una relación justa (de amistad dice el autor) con nosotros mismos y con los demás.
La serenidad es ese punto medio que hace que no nos desesperemos ante las adversidades o el sufrimiento y que al mismo tiempo no nos lleva a huir o a escapar de las contrariedades.

María Carrillo Arriola dijo...

Spaemann afirma que existen tres posibilidades en las que podemos situarnos respecto a lo que sucede, son tres: Fanatismo, cinismo y serenidad.
El fanático es aquella persona que, en mi opinión, es testarudo y es muy poco probable que se le haga cambiar de opinión fácilmente, además no reconoce los límites morales a su proceder, opino que un fanático es aquel que no acepta o no asuma la realidad y que siempre va a contracorriente, me parece que adoptar esta postura no hace ningún bien a la persona puesto que creo que se engaña a sí misma.

El cínico es aquel que renuncia al sentido, aquel que no es capaz de razonar ni pararse a pensar o reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones puesto que lo tienen todo muy ‘mecanizado’, esta tampoco me parece la mejor situación frente aquello que sucede.

Sin embargo, la siguiente postura sí me parece la adecuada, se trata de la serenidad, la persona serena es aquella que se compromete, que no se queda impasible ni le da lo mismo el éxito o fracaso de sus propósitos, aquellas personas serenas son capaces de reconocer la realidad y asumirla sólo así el hombre puede vivir bien con los demás y consigo mismo.

Elena Terry dijo...

Capítulo VIII. Serendidad o actitud ante lo que no podemos cambiar

La ética está relacionada con todos los actos que dependen de nosotros.``Aquello es como es sin intervención nuestra´´. Es lo que denominariamos el destino.

El destinos lo formamos con nuestras acciones. Nosotros somo responsables de nuestras acciones.
La perosna que actúa no tiene la posibilidas de elegir entre relacionarse o no con la realidad, ya que lo hace al acturar. Cuando te enfrentas a la realidad has aceptado el destino, tanto el pasado como el futuro. Se debe actuar conforme a las circunstancias y de la mejor forma posible en esa situación dada. La propi actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino.

En el texto destacan tres conceptos importantes: Fanatismo, cinismo y serenidad.
-El fanático es aquel que piensa quie no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos.
-El cínico renuncia al sentido. Adopta el partido de la realidad con el sentido. Cree en el derecho del mas fuerte.
-Serenidad significa afirmación de una realidad que merece que se le ayude a modificándola.
Las personas serenas logran pensar antes de decidir y no se sienten demasiado asustadas, preocupadas o ansiosas por el porvenir.

Maria Dominguez Villar dijo...

El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Si conoce el hecho de que quien actúa se enfrenta a la hegemonía del destino, entonces se niega a aceptarlo. Quiere variar las condiciones ambientales o irse a pique.
Lo contrario del fanático es el cínico, aunque de un parecido tan sorprendente que, en la práctica, se confunden. El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico. Cree en el derecho del más fuerte. En mi opinión la persona cínica tiene una gran capacidad para mentir. Como dice Consuelo tiene gran capacidad de mentir con la palabra y con el cuerpo.” De los cínicos hay que huir”.
Estas reflexiones nos muestran que una acción con sentido sólo puede darse si nos situamos en una relación positiva con la realidad que nos depara el marco de nuestra acción.
La actitud razonable del hombre frente al destino, tal como lo ha señalado la filosofía de todos los tiempos, la denominamos serenidad.
Según el diccionario, una persona serena es apacible, dulce en el trato, sosegada. Sin embargo, ¿se puede recurrir a la serenidad cuando hay que afrontar problemas personales, laborales, sociales y económicos? Sin duda, en estas circunstancias lo más común es sentirse nervioso, irritable o molesto, pero justamente es la actitud menos saludable.
La serenidad es una sensación de bienestar que nos permite focalizar las cosas que suceden a nuestro alrededor desde un costado más activo. Las personas serenas logran pensar antes de decidir y no se sienten demasiado asustadas, preocupadas o ansiosas por el porvenir. Tampoco se recuestan en la infelicidad del pasado, ni fantasean posibles catástrofes futuras. En realidad, quienes son más serenos pueden disfrutar de la vida y pensar que podrán, en algún momento, superar los problemas. Esto no significa esperar que las cosas pasen o mejoren solas. Por el contrario, se trata de actuar de acuerdo a lo que cada uno crea mejor para sí mismo y para lo que debe afrontar.
Tener serenidad puede requerir un arduo trabajo personal, pero resulta fundamental para enfrentar las pérdidas y la adversidad.
Por último: la serenidad no es indiferencia, complacencia ni ignorancia. Es una virtud saludable que nos abre la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida.

Laura Pascual dijo...

La ética es la ciencia que nos dice si un acto está mal o bien, hace referencia a los actos que no dependen de nosotros mismos. Todos somos dueños de nuestros actos, ya que somos seres libres, eso no significa que todos nuestros comportamientos estén bien. En el texto se dice que la realidad es como es y que nosotros no podemos modificarla, pero como dice Amalia, estoy en contra de esa reflexión ya que creo que todos, si nos lo proponemos y a veces hasta de manera inconsciente, podemos cambiar.
Como dice Patricia “No podemos controlar las consecuencias de nuestras actividades, por eso debemos ser fuertes ante el dolor que eso conlleve.” Nosotros no podemos prevenir todas las consecuencias de nuestras acciones, no por ello vamos a dejar de actuar. Creo que una persona es más libre si cae y puede volver a levantarse y seguir adelante, es decir, asume sus consecuencias ante una acción con malos resultados, como una persona madura, adulta, debería hacer. La vida de cada hombre es un todo sentido, ya que el sufrimiento es también una forma de acción.

Me parece importante destacar estos tres conceptos de cómo relacionarse con lo que sucede:

-El fanatismo: Consta de una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, algunas veces indiscriminado y violento.
El fanatismo puede referirse a cualquier creencia afín a una persona o grupo. En casos extremos en los cuales el fanatismo supera la racionalidad puede llegar a extremos peligrosos, como matar a seres humanos o encarcelarlos, y puede incluir como síntoma el deseo incondicional de imponer una creencia considerada buena para el fanático o para un grupo de los mismos.

-Cinismo: la falta de vergüenza a la hora de mentir o de defender sus acciones por malas que sean. Una persona cínica no solo miento de palabra sino que también con el cuerpo.



-Serenidad: es la afirmación de una realidad que merece que se le ayude modificándola. Serenidad no se identifica con pasividad. Las personas serenas tienen la capacidad de pensar antes de llevar a cabo una acción o de decidir algo.

Paula Rubira Cabello dijo...

En el texto se habla sobre el destino, sobre como cada uno puede formar el suyo propio como quiera con nuestras acciones. Esto me recuerda a una obra de teatro, en nombre de la infanta Carlota, en el cual había una canción que decía que "el destino te lo montas tú", es decir no hay ninguna fuerza paranormal que se encargue de movernos como si fuésemos marionetas, si no que cada uno con sus acciones va creando su futuro. Como dice en el texto "a diferencia de los animales, los hombres, al actuar, modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento. "

A esto hay que añadir que cada uno tiene una serie de limitaciones o capacidades y cada uno es como es, esto no quiere decir que no se pueda cambiar, si no que nuestras acciones determinan también el como somos.

Hay tres conceptos que se relacionan con el tema:

1. El fanático es aquel que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas.

2. El cínico es aquel que desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables.
El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad,sino el de realidad contra el sentido; renuncia al sentido.

3. Cuando un hombre actúa de manera razonada frente al destino lo llamamos SERENIDAD.
La persona serena actúa con firmeza, pero ha aceptado la marcha de las cosas, que posibilita a la vez su actividad y su posible fracaso, ya que sabe que no es por él y por su actividad por lo que el sentido penetra en el mundo

patricia vazquez perala dijo...

LA SERENIDAD.

Debemos reflexionar sobre nuestra propia realidad y relacionarla con el futuro deseado. Pero quién actúa no tiene el futuro en sus manos. La serenidad supone superar las molestias que van surgiendo.

La madurez del hombre tarda en llegar. No debemos actuar con vistas a corto plazo. Los antiguos construían catedrales que nunca veían terminadas. Actualmente tendemos a no soportar molestias, pero la felicidad, además de placer, supone dolor.
El activismo impide actuar con serenidad. La serenidad no es insensibilidad, como los estoicos, ni tampoco desinterés. La serenidad necesita de la sensibilidad, porque si no sentimos alegrías, dolores, triunfos, fracasos, no existiría la virtud. Ser sereno es considerar los pros y los contras de una decisión, saber distinguir lo principal de lo accidental. Con serenidad actuamos prudente y responsablemente, sin nervios, aceptando las molestias que tienen sentido en función del bien que perseguimos.
Dios permite el sufrimiento porque sabe lo que nos conviene. Aceptar su voluntad es actuar con serenidad. La vida del hombre tiene cosas agradables y cosas dolorosas. No podemos pretender vivir en un perpetuo cuento de hadas. pero el sufrimiento es casi siempre difícil de aceptar, aunque siempre tiene algo positivo, siempre tiene una razón.
Creo que lo importante es vivir el presente. Los deberes de cada instante ocultan la voluntad de Dios. Y si esa voluntad conlleva sufrimiento, decía Teresita de Lisieux ,sentiremos solo el sufrimiento del momento, ya que es muy desanimante pensar en el sufrimiento pasado o en el que está por venir. Y la beata Teresa de Calcuta decía que lo importante no es el número de actividades que hacemos, sino la intensidad de amor que ponemos en cada acción.
La serenidad nos enseñará a aceptar siempre el momento presente, el pan de cada día que en su providencia Dios nos mande.

maria romanos agustin dijo...

Es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportamiento en un sentido absoluto. No importa lo que se haga o se deje de hacer porque ese acto forma parte de su vida para siempre.
Al comenzar a actuar ha aceptado ya el destino, tanto el pasado como el futuro. L actuar como nada viene de la nada significa ya haber aceptado unas condiciones dadas.

A diferencia de los animales, los hombre, al actuar, modifican a la vez las condiciones que enmarcan su comportamiento. Sólo lo pueden hacer a condicion de que acepten previamente determninado marco de su actividad. A esas condiciones dadas pertenece el cuadro exterior de nuestra actividad, nuestro modo de ser, nuestra naturaleza y nuestra biografia.

El texto dice esta frase: " nosotros mismos somos como somos sin poderlo modificar", pues bien no estoy de acuerdo ya que por ejemplo, yo si que puedo modificar mi comportamiento ante una situacion dada.
Sólo en el transcurso de nuestra vida descubrimos lo que la vida nos prepara ya de antemano. Cada una de nuestras acciones ejerce una influencia que va configurandonos.

Nada sera como antes de haber actuado. Quien actua no tiene el futuro en sus manos. Una persona solo puede obrar si está dispuesto a someterse al dolor del destino, a sus consecuencias. Ahora biuen , no podemos controlar las consecuencias de nuestro actuar a largo plazo.

La relacion que podemos con lo que sucede es la diferencia de fanatismo, cinismo y serenidad.
El fanatico es aquel que está afincado en la idea de que no existe mas sentido que el que nosotros damos y ponemos. Fanatico es el revolucionario que no reconoce limites morales a su proceder. El fanatico es aquel que exclama con Hitler: "si fracasamos, la historia ha perdido su sentido".

El cinico adopta el partido de la realidad contra el sentido: renuncia al sentido. Cree en el derecho del mas fuerte, porque ha tomado de antemano el partido de la realidad. El cinico es una persona ironica.

La actitud razonable del hombre frente al destino, la denominamos serenidad. Con la palabra serenidad entendemos la actitud de aquel que acepta voluntariamente lo que el no puede cambiar; la actitud de quien acepta los limites.

La persona serena actua con firmeza, pero ha aceptado su posible fracaso. La serena aceptacion de la realidades la condicion`para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus semejantes y consigo mismo. La amistad entre las generaciones es condicon para que el destino no se muestre como algo enemigo. Los jovenes solo pueden actuar con sentido si se actua en una relacion inacabada con que se encuentran.

Existen muchas circunstancias que dificultan vivir la serenidad. L serenidad es una propiedad del hombre feliz.

Montserrat García Vallejo dijo...

Los hombres, con nuestros actuar, podemos modificar nuestra historia, algo que no ocurre con los animales. Todo lo que hacemos a lo largo de la vida nos va moldeando, sin embargo, somos como somos y, además, tenemos la experiencia de que surgen cosas que no son modificables.

La serenidad es aceptar aquello que no podemos cambiar. El aceptar esto no es sencillo, pero es necesario. Del mismo modo, una actitud serena ayuda a aceptarse a uno mismo, lo cual es crucial para alcanzar una vida recta.

Ante la realidad de que existen cosas que no podemos cambiar, se pueden tomar otras dos posturas diferentes a la serenidad:

- cinismo, el cínico es aquel que renuncia al sentido y cree en el derecho del más fuerte.
- fanatismo, no existe más sentido que aquel que nosotros damos.

Ambas posturas defienden, en el fondo, que la realidad que rodea nuestras acciones carece de sentido. Ante estas dos posibilidades creo que se destaca la importancia de la serenidad en la vida de cualquier hombre.

La serenidad hace que aceptemos la marcha de las cosas, aunque no paraliza para intentar mejorar aquello que es mejorable. La serenidad es, ademas, requisito necesario para convivir pacíficamente con los demás, consigo mismo, y para ser feliz.

Ana Santamaria dijo...

Lo que más me ha hecho reflexionar en este capítulo a sido el tema del fanatismo, demasiado evidente y real en la sociedad actual.

En cuanto al fanatismo me gustaría resaltar lo que el texto expresa de defender de una manera, incluso obsesiva, las creencias y opiniones de uno mismo, esto es interesante ya que, el fanático no deja cavida a las opiniones de otros que sean opuestas a las suyas propias. Esto demuestra egoismo y poca tolerancia e inteligencia.
Ya que una persona que no es capaz de ser abierto de miras ante otros pensamiento, demuestra que no quiere aumentar su conocimiento.

Por otro lado el fanatismo( no exaltado) puede llegar a demostrar firmeza en las acciones y seguridad, aunque los extremos, en mi opinión, nunca fueron buenos.
Es como si un profesor que tiene la creencia de que el método tradicional es el mejor y se cierra a conocer el método nuevo o innovador, esta llendo en contra del aprendizaje lo que demuestra que no es un buen maestro.
Por ello( según mi criterio) se debe estar siempre dispuesto a aprender y seguir formandose siempre.

Miriam Herranz dijo...

CAPITULO VIII.
SERENIDAD O ACTITUD ANTE LO QUE NO PODEMOS CAMBIAR.

“El comienzo, el principio de la ciencia moral es el respeto que debemos tener al destino”.
La única actitud razonable del hombre frente al destino es la serenidad. La serenidad es la actitud de aquel que acepta voluntariamente lo que no puede cambiar, de aquel que acepta los límites. Es la actitud de aquel que sabe que lo que no podemos modificar ocurre de todos modos, lo aceptemos o no. Precisamente porque aquello que no podemos evitar va a ocurrir de todos modos, debemos aceptarlo y así estar bien con nosotros mismo, pues la propia existencia es destino en sí misma. Por tanto, el que no acepta el destino no podrá aceptarse a sí mismo.
Adem.as, a quien asume voluntariamente lo que de todas formas va a suceder, no le puede pasar nada contra su voluntad.
Serenidad no significa pasividad ni renuncia a cambiar el mundo, sino afirmación y aceptación de que existe una realidad que hay que cambiar.
La persona serena no se queda impasible ni le da lo mismo el éxito o el fracaso de sus propósitos; se apoya en que la realidad debe estar llena de sentido y actúa con firmeza. Acepta la marcha de las cosas, lo cual posibilita su actividad y su posible fracaso. Por tanto, la persona serena es aquella capaz de aceptar la posibilidad de fracasar, por eso, es capaz de volver a levantarse y a comenzar de nuevo cuando ha caído y fracasado. Para la persona serena, vale la pena vivir a pesar de todo, a pesar de que existan condiciones en la vida en que descubrir que merece la pena vivir sea casi imposible.
La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con los demás y consigo mismo; es la condición de una vida feliz y la condición para que el sentido subjetivo de la vida no sea desmentido por la realidad. Por tanto, la serenidad es una propiedad del hombre feliz. “O soy feliz, o desgraciado” (Wittgenstein).

Anónimo dijo...

SERENIDAD O ACTITUD ANTE LO QUE NO PODEMOS CAMBIAR.
“La ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros” Por ello, el destino no es un tema que pertenezca a la ética. Así comienza este último capítulo en el que se reflexiona acerca de la actitud ante lo que no podemos cambiar: el destino.
En primer lugar me gustaría reflexionar acerca de las siguientes preguntas, ¿existe el destino? ¿Qué entendemos por ello? ¿Estamos entonces predestinados? ¿Y qué ocurre con la libertad? Son preguntas sobre las que se podría hablar durante mucho tiempo, de modo que simplemente decir: no se trata de que tengamos un destino escrito del que no podamos escapar sino que la vida nos presenta situaciones que no podemos cambiar. A lo largo de ella todos actuamos como queremos ejerciendo nuestra libertad, y el destino entra en juego en el momento que por mucha libertad que tengamos no podemos “hacer algo”. Otra manera breve de explicarlo es con una sencilla frase: “tu libertad termina donde comienza la del que está a tu lado” Es decir, no somos plenamente libres, pero no por hechos como el que no podamos volar, ya que eso es algo no propio de la naturaleza humana y por ello imposible, sino por hechos como el que no podamos, por ejemplo, irnos a vivir donde queramos durante nuestra juventud. Si tu padre trabaja en España por mucho que quieras no vas a poder irte a vivir con tu familia a EEUU ya que tu padre no puede, su trabajo no se lo permite: tu libertad de irte a vivir donde quieres acaba con la libertad de tu padre de elegir ese trabajo en España y no otro en EEUU.
“El que actúa no tiene la posibilidad de elegir entre relacionarse o no con la realidad. Lo hace al actuar. Al comenzar a actuar se acepta el destino, tanto el pasado como el futuro”. Es decir, al actuar se acepta el destino, se acepta aquello que nos trae la vida, aquello que sucede y ante ello se pueden adoptar tres actitudes diferentes: fanatismo, cinismo y serenidad.
Fanático es aquel que sostiene que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Cínico sería lo contrario: renuncia al sentido. La tercera actitud sería la serenidad, y esta es la actitud razonable que debe adoptar el hombre frente al destino. Es razonable, tiene sentido: si sucede algo que no voy a poder cambiar, ¿me sirve de algo enfadarme? ¿Negarlo? ¿Intentar evitarlo? Serenidad y aceptación. Esa es la actitud. Si no se pude cambiar, se acepta. Pero no solo eso, la forma de aceptarlo es importante, por eso hay que hacerlo serenamente.

Rut Martínez Legido dijo...

SERENIDAD O ACTITUD ANTE LO QUE NO PODEMOS CAMBIAR:

La ética tiene que ver con los actos que dependen de nosotros.
Es el mismo individuo quien tiene que responder de su comportameinto en un sentido absoluto yaque cada uno es responsable de sus actos.

La persona que actúa serelaciona con la realidad queriendo o no, ya que no tiene laposibilidad de elegir.
Cuando una persona actúa, acepta el destino, es decir, las consecuencias que conyeva el acto.
Las personas cuando realizan actos, modifican su comportamiento, lo que hace que se produzca una historia.
La historia, al fin y al cabo, es el conjunto de actos de todos los individuos.
Quién actúa tiene el futuro en sus manos (dentro de unos límites) ya que actúaen función delo que quiere para su futuro.
La actitud razonable del homre frente al destino la denominamos serenidad. La serenidad es la actitud de aqual que acepta los límites, la realidad.
Quién no acepta el destino, no puede aceptarse a sí mismo, con lo cual, no puede darse una vida recta.
La serena aceptación de la realidad es la condición para que el hombre pueda vivir amistosamente con sus iguales y consigo mismo; la condición de una vida feliz.
Existen muchas circunstancias que dificultan vivir la serenidad. La serenidadesuna propiedad del hombre feliz.
Wittgenstein dijo: "La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma".