lunes, 16 de mayo de 2011

Capítulo 8: la serenidad

Paso a señalar algunos lugares de interés de este último capítulo.

1. Consta en este capítulo la intimísima relación existente entre el "carácter inmanente del ser vivo" y "el vivir ético", es decir, la relavancia antropológica de esa nota metafísica de todo ser vivo.

2. Realismo ético: libertad con un punto de partida y libertad que configura la propia vida. Estas tesis superan con mucho la propuesta roussoniana relativa a la espontaneidad de la libertad; como también la falacia de la libertad como autonomía, en su referencia al orgien (partimos de algún sitio), y en su referencia al fin (nos dirigimos a la relación interpersonal, a la no-autonomía, a la no-independencia).

3. Responsabilidad, superación de toda frivolidad, necesidad imperiosa de "decidir atendiendo a lo real": "la propia actividad a lo largo del tiempo adopta la forma de destino. Quien no desee esto no podrá actual. Pero esto tampoco le servirá de nada porque la omisión se le convertirá en destino".

4. Las cosas más relevantes de nuestra propia biografía no son "elegidas", sino que "nos las encontramos". Cierto que nuestras decisiones son relevantes, pero se entrecurzan con otras tantas circunstancias no elegidas. O desesperamos de la relevancia de nuestras decisiones -todo queda sumido en el devenir histórico que está fuera de mi dominio-, o "acepto", "asumo" el sentido de lo que no elijo, pero "encuentro en el camino".

La cuestión es ¿Qué postura adoptar ante lo que "sucede"? Fanatismo, cinismo y serenidad.

En cuanto al cinismo, os dije (creo) que los cínicos me dan miedo. La perspectiva que adopté respecto al cínico era la de su capacidad de mentir con la palabra y con el cuerpo. Aquí la mentira es "posición existencial" frente a la realidad. Tal vez se entienda aún más por qué hay que "huir" del cínico -Spaemann propone combatirlo si se dedica a hacer daño-.

Y nada más. Espero que os ayude a reflexionar...

martes, 10 de mayo de 2011

Capítulo 7 ¿Qué convierte una acción en buena?

Entramos en el penúltimo capítulo.

Está claro que, lo que de verdad queremos es el bien; está claro que "lo bueno" dice, primariamente, "hacer justicia a la realidad", siendo la primera realidad la que hemos de hacer justicia, las personas.

Ahora bien, hacer justicia a la realidad apela a la realidad y a la conciencia. Esta es la clave que se tratará en este capítulo. No hablamos de "valores", sino de acciones buenas: de acierto y de virtud. Todo lo que hemos dicho del valor tan sólo se refiere a nuestra captación del valor de la realidad y por tanto de nuestra sensibilidad en orden a "hacerle justicia". Creo que este punto es importante. La ética es, sobre todo, ética de la virtud. La virtud que hemos estudiado en este texto de modo directo es la justicia, indirectamente, la prudencia -la que estamos tratando ahora-; en los primeros capítulos fue la templanza y al fortaleza.

Tal vez se comprenda por qué, en el fondo, la educación en valores tiene limitaciones, puesto que no convierte las acciones en buenas... los valores no son acciones, sino apreciaciones de la realidad, ser capaz de captar en qué consiste hacer justicia a la realidad, pero aún ha de "hacerse".

Un cordial saludo