martes, 12 de abril de 2011

Capítulo 6: ¿Hay que seguir siempre la conciencia?

Seguimos con nuestros argumentos éticos para "animar" estos días. La pregunta que se plantea parece tener una solución sencilla: SI. Sin embargo, no será una respuesta completa si no se clarifica qué es la conciencia.

Os planteo que desarrolléis los argumentos por los que la sentencia puede conducir a error, por qué no es suficiente, por qué puede llevar a actuar injustamente. Tal vez a alguno este problema le resulte insólito ¿Acaso no hay que seguir la propia conciencia? Pero ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la "buena voluntad"? ¿Basta decir que tengo buena voluntad para acertar? ¿Es lo mismo que no me dejen actuar en conciencia a que me obliguen a actuar contra la propia conciencia? ¿Actuaba Hitler según su conciencia? La dificultad conduce a la solución: como siempre, al principio de solución, porque siguen quedando puertas abiertas.

21 comentarios:

Made In Style dijo...

La conciencia es un juicio de la razón por el que el hombre reconoce la bondad o maldad de un acto. Por ejemplo: "soy consciente de qué matar es malo". El juicio de conciencia se basa en el conocimiento de la naturaleza humana y de lo que le conviene.
Por un lado, la propia naturaleza humana reclama un modo de actuar que suele llamarse ley natural. El Creador nos ha hecho de una determinada manera y está grabado en el hombre un conocimiento básico de lo que está bien o mal.
Para conocer mejor la naturaleza humana irá bien fomentar el deseo de buscar la verdad y de obrar bien. También esto último, pues a base de obrar mal la inteligencia se malacostumbra y pierde claridad de juicio.

La conciencia del hombre está compuesta por todo aquello que él conoce, con lo que ha estado en contacto a través de las experiencias.Es importante distinguir el bien del mal, para acertar en lo que conviene hacer. Los grandes criminales tienen la conciencia deformada y se dice de ellos que son hombres sin conciencia.

La conciencia es inseparable de los actos humanos.- Se llaman actos humanos a los voluntarios y libres, y por tanto conscientes. Conscientes de su bondad sensible -me gusta- y de su bondad moral -me conviene-.
La conciencia instruye sobre el bien y mueve a obrar.- El juicio de conciencia es práctico: esto lo puedo o debo hacer; esto lo debo evitar. Y se adquiere experiencia.
La conciencia aprueba o reprende.- El juicio de conciencia es principalmente anterior a la acción, para obrar o no. Pero una persona continúa reflexionando después de actuar, con un dictamen de aprobación y paz si se obró bien, o de inquieto rechazo si se obró mal. Por esto el hombre tiene responsabilidad ante sí mismo.

Se debe respetar la libertad de las conciencias, pero esto no significa que la conciencia sea independiente de la ley divina. En este campo la libertad consiste en ausencia de coacción al buscar la verdad, pero no independencia respecto a la verdad. Una persona puede convencerse de que matar o robar es bueno.En ambos casos obra libremente pero no acierta con la verdad -moral(relativismo). Al igual, que un terrorista asesina de acuerdo con su conciencia. ¿Por qué hace mal? No hace mal por seguir su conciencia, sino por haberla deformado hasta ese punto.

Patricia Hidalgo Cantero dijo...

Podemos definir la conciencia como un juicio de la razón por el que el hombre reconoce la bondad o la maldad de un acto.
Para realizar esa conciencia es necesario el factor inteligencia que permita juzgar y también se necesita de un conocimiento previo que sea la base en donde se apoye este juicio moral.

Por ejemplo decir ¨las vacas vuelvan¨, la razón emite un juicio inmediato que dice que es falso. Este juicio está basado en el conocimiento previo de que las vacas no vuelvan.

Es importante distinguir el bien del mal, para acertar en lo que conviene hacer, ya que si no puedes dañar o causar problemas a los otros, al igual que te causas el daño a ti mismo.

Hablar de conciencia es hablar de dignidad del hombre, algo que cada individuo lo lleva a su totalidad. Se debe respetar la libertad de las conciencias, pero siempre respetando la ley natural.

La conciencia no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor. Una persona te puede aconsejar según sus experiencias vividas, como por ejemplo un médico, un político, o mismamente tu padre o tu madre. Pero no siempre todo lo que dicen es lo mejor o lo correcto.

Teresa Esteban dijo...

El tema central de este capítulo es la conciencia. Trataré de abordarlo partiendo de las siguientes preguntas que el mismo Spaemann plantea:
-¿Qué es?
-¿Qué hace?
-¿Tiene siempre razón?
-¿Debemos seguirla siempre?
-¿Hay que respetar siempre la de los demás?

La conciencia podemos decir que es aquello que dice a cada uno lo que debe o no debe hacer. El mismo Spaemann dice que es “algo sagrado en todo hombre que debe respetarse incondicionalmente”. Es el hecho de tener conciencia lo que nos permite hablar en el hombre de dignidad humana. Si bien en sociología hemos visto bastantes aspectos que diferencian al hombre del animal como que si el primero es biológicamente inviable el segundo puede sobrevivir gracias a sus instintos animales. Si en el animal hablamos de instintos en el hombre hablamos de tendencias; si en el animal hablamos de “alma sensitiva”, en el hombre hablamos de “alma intelectiva” y otros aspectos como las notas propias de la persona, etc… Al hablar ahora de conciencia podemos ampliar estas diferencias: si en el animal hablamos de instinto o impulso interior de hacer algo cuyo sentido se le oculta, en el hombre hablamos de conciencia, es decir, que puede saber la razón de lo que hace. Actúa expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción. “Si tengo ganas de hacer algo cuyas consecuencias dañan a un tercero, entonces puedo plantearme esas consecuencias y preguntarme si es justo obrar así y si puedo responder de ese acto”. El hombre tiene la capacidad (a diferencia del animal) de poner aparte sus gustos e intereses para poner por encima la jerarquía objetiva de valores, de tal manera que no se quede en algo externo y teórico sino que nos permite cambiar nuestro querer.

La conciencia es la presencia de un criterio absoluto en un ser finito, el anclaje de ese criterio en su estructura emocional. Como decíamos antes, gracias a ella hablamos de dignidad. La conciencia es la convicción con la que obramos pero que no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor. Así pues muchas veces un padre, por ejemplo, no sabe a ciencia cierta si lo que aconseja a su hijo es lo mejor atendiendo al conjunto de sus consecuencias, lo que sí puede saber es que esa es la mejor solución posible en ese momento y de acuerdo con su experiencia y conocimiento. Esto basta para una conciencia cierta pues lo que justifica una acción no está en el conjunto de sus consecuencias.

Teresa Esteban dijo...

La conciencia está presente en el hombre por una parte por la naturaleza propiamente humana (pues todo hombre de cualquier cultura, raza o nación conoce y comparte el principio ético de “trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti”) y por otra por la interiorización de normas que se nos han inculcado en la niñez y que han programado nuestro esquema mental y constituyen base de nuestra personalidad.

Spaemann habla de la conciencia delicada y sensible como aquella que es propia del hombre interiormente libre y sincero. Una “enfermedad” que señala es la del escrúpulo, es decir, aquel hombre que en lugar de ver lo bueno y recto, se observa siempre a sí mismo y observa con angustia cada uno de sus propios pasos. Para el hombre sano podemos hablar de “mala conciencia” que permite la presencia de una culpa, de un comportamiento que se opone al propio ser y la realidad. Aquí entra en juego el arrepentimiento que es el dolor por el mal obrar.

Es necesario saber que no siempre la conciencia tiene razón, igual que nuestros sentidos no siempre nos guían correctamente o la razón no nos preserva de todos los errores. La conciencia no es –como señala Spaemann- un oráculo, sino una guía, una orientación que nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo. Para poder verlo necesitamos de una reflexión, de un conocimiento real, un conocimiento que sea que sea también moral, es decir, una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología. Aunque se dé la conciencia errónea, pues vemos como hay gente que actuando en conciencia causa a otros injusticias, siempre debe seguirse, pues la dignidad del hombre descansa en que es una totalidad de sentido. Esto se explica por lo bueno y correcto objetivamente, para que sea bueno, debe ser considerado por uno mismo como bueno; si no lo reconoce como bueno, no será bueno para él. Cuando decimos que cada uno debe seguir siempre su conciencia, no s referimos a que cada uno debe hacer lo que tiene por objetivamente bueno. Ante nosotros mismo tenemos el deber de seguir nuestra propia conciencia pero sin con ella lesionamos el derecho de otros, los deberes para con los demás, entonces éstos al igual que el Estado tendrán derecho de impedirlo.

Para terminar señalar que la tortura es un modo de forzar la actuación contra la propia conciencia. Convierte a un hombre en instrumento sin voluntad de otro, por eso siempre es mala.

ANA CARMONA CUESTA dijo...

La conciencia es un juicio de valor por el que el hombre reconoce la bondad o maldad de un acto.

La conciencia es lo propio de cada persona, lo que no se puede robar a nadie. Cada uno forma su propia conciencia a través de los valores que va adquiriendo, de sus vivencias, de su educación, etc.
Un aspecto que me ha parecido interesante es que no siempre hay que seguir la conciencia, ya que esta no siempre lleva la razón, ya que para ver lo correcto necesita reflexionar sobre un conocimiento real y moral. Es decir necesita tener una idea sobre la jerarquia de los valores de una manera neutral. Un ejemplo de esto es cuando alguien creyendo que actua en conciencia causa daño a los demás, como el asesino que mata a alguien, eso en su conciencia está bien pero está causando un grave dolor a otras personas.

No nos podemos encontrar con ningún criterio para decidir cual es la conciencia buena o mala, ya que sino todos acertariamos siempre.

La única manera de que el hombre actue en contra de su conciencia es la tortura, ya que en estas circunstancias el hombre no tiene se queda sin voluntas frente al otro.

En el caso de Hitler actuaba según su conciencia y a la vista está las acciones tan horrorosas que cometió, por eso se dice que aunque el hombre siempre actue en conciencia no significa que actue bien, ya que los valores por los que se forma nuestra conciencia no siempre son los correctos.

patricia vazquez perala dijo...

La conciencia se utiliza en contextos muy variados:
personas que actúan en conciencia, por lo que piensan ellos, por la voz de Dios o como producto de la educación.

Los hombres no hacen las cosas porque sí, al contrario que los animales.
Los hombres tienen una razón, un significado de ser, y además, actúan con libertad.

La conciencia es la existencia de un criterio absoluto y universal, pero si por la conciencia, el hombre se convierte en algo universal, en un todo, entonces lo objetivamente bueno y correcto cambia para la conciencia.

Por eso, la conciencia tiene dos caras:
La primera cara de la conciencia es la que mira hacia su interior. El hombre examina su conciencia y se pregunta a sí mismo si está actuando de forma correcta o incorrecta.
La segunda cara de la conciencia se refiere, a que después de un vistazo hacia el interior de la persona, no puede quedarse en eso. Tiene que exteriorizarse. Es decir, es necesario que para que la conciencia no lleve a confusiones ni engaños, haya un diálogo, un intercambio para estar seguros y no engañarse a sí mismo.
Por todo esto, es necesaria la formación de la conciencia.

No hay conciencia si no hay una disposición a formarla, ya que si se deja de formar la conciencia, ésta puede deformarse sin que uno se dé cuenta.
Una persona puede convencerse de que matar o robar es bueno. En ambos casos obra libremente, pero no acierta con la verdad –moral. Se queda en un relativismo puro.
Esto mismo pasó con Hitler y con muchos asesinos a lo largo de la historia.
Se quedaron en la primera cara de la conciencia, es decir, en la imposición de su forma de pensar. Dejaron de formar su conciencia y ésta se deformó porque se engañaron a sí mismos.

Montserrat García Vallejo dijo...

Los animales, como hemos hablado en muchas ocasiones a lo largo del curso, actúan fruto del instinto, pero desconocen el sentido de lo que hacen. Los hombres, sin embargo, conocemos la razón de lo que hacemos. Podemos actuar dejando de lado incluso nuestros intereses de un momento dado, para conseguir algo que consideramos de mayor relevancia.

La conciencia es lo que hace al hombre salir de sí, de manera que independientemente de sus apetencias o deseos puntuales, podemos descubrir qué es lo bueno y actuar conforme a eso.
La conciencia puede equivocarse, por ello se hace necesario contrastar, hablar con los demás, reflexionar etc acerca de lo bueno y lo malo.

No es correcto, por tanto y tal y como se deduce en el capítulo, pasar por alto las razones de los demás y actuar únicamente bajo criterio propio, porque en ese caso podría estarse confundiendo la conciencia con el capricho o con la terquedad.

La conciencia no es algo estanco con lo que nacemos ya formado, si no que la tenemos que ir moldeando, estando abiertos a la opinión de los demás, escuchando los argumentos de los otros.

A pesar de ello, llega un momento en el que se hace necesario actuar pues no podemos pasar toda la vida valorando y comparando argumentos. Debemos actuar de manera que esa actuación venga fruto de un proceso de reflexión, pero con seguridad, a esto lo llamamos conciencia.

Sonsoles Beltrán Esteban dijo...

La conciencia es el conocimiento interior que tenemos las personas del bien y el mal, el juicio de la razón por el que el hombre reconoce la bondad o la maldad de un acto.

Dice a cada uno lo que debe hacer, aunque hay personas que tienen la conciencia deformada, como los asesinos, no tienen la conciencia bien definida, no siempre hay que seguir a la conciencia, ya que no siempre tiene razón, ella nos guía, pero además los hombres debemos tener un conocimiento moral y real. Aquellas personas mencionadas antes, como los asesinos, guiados por su conciencia actúan erróneamente, no tienen un buen conocimiento moral, ya que ve algo malo como bueno.

Los animales, se mueven por instintos, actúan orientados a la supervivencia, “matan para comer”, a diferencia de los hombres, que tienen razón y libertad, y actúan guiados por la conciencia que ha de ser educada.

El hombre, para ver si está actuando correctamente puede contar con la opinión de la mayoría, ya que normalmente es la correcta y no la de aquella persona que se aleja de la opinión dominante, pero es la persona individual quien actúa según su propia conciencia, independientemente de los demás.

La mala conciencia puede provocar el consiguiente arrepentimiento en las personas, ya que es un comportamiento que se opone al propio ser y a la realidad, es señal de culpa.
Por último, se puede obligar a una persona a actuar en contra de su conciencia, como con la amenaza de muerte por ejemplo, es un daño contra la dignidad humana, la conciencia va por encima de cualquier amenaza, me gustaría poner por ejemplo la actuación de los mártires que murieron por defender aquello en lo que creían, Dios en este caso.

Marta Galaup dijo...

La convicción con la que termina nuestro discurso la denominamos conciencia, conciencia que no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor.
Freud ha acuñado el concepto de "super ego", que, junto al así llamado "ello" y al "yo" forman la estructura de nuestra personalidad. El "super ego" es, por así decir, la imagen que el padre interioriza; el padre en nosotros... En Freud este pensamiento no tenía todavía el carácter de denuncia que en la crítica social neomarxista tiene el discurso sobre la interiorización de las normas del dominio. Freud, como psicoanalista, observó que el yo se forma sólo bajo la dirección del "super yo", y se libera en el "ello" de su prisión en la esfera de los instintos. Cierto que para llegar a un "yo" verdadero ha de liberarse también del poder del "super yo".
Por lo que respecta, a las descripciones de Freud es falso equiparar sin más lo que llamamos conciencia con el "super yo" y tenerla por un puro producto de la educación. Esto no puede ser exacto, porque los hombres siempre vuelven contra las normas dominantes en una sociedad, contra las normas en medio de la scuales han crecido, incluso aun cuando el padre sea un representante de esas normas. A menudo puede ocurrir que detrás no esté más que el impulso de emancipación del "yo", el sencillo reflejo de querer ser de otra forma. Pero este reflejo no es la conciencia, como tampoco lo es el reflejo de acomodación.
Si la conciencia no es sin más un producto de la educación ni se identifica con el "super yo", ¿es quizá entonces algo innato?, ¿una especie de instinto social innato? Tampoco es éste el caso, puesto que un instinto se sigue instintivamente; pero el yo-no-puedo-actuar-de-otro-modo de quienes obran por instinto se diferencia como el día y la noche del yo no puedo actuar de otro modo del que obra en conciencia.

Rut Martínez Legido dijo...

La conciencia, también denominada “conocimiento compartido”, se define en general como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno, se refiere a la moral o bien a la recepción normal de los estímulos del interior y el exterior.
Conciencia se refiere al saber de sí mismo, al conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, estados o actos. Conciencia se aplica a lo ético, a los juicios sobre el bien y el mal de nuestras acciones.
La conciencia es la noción que tenemos de las sensaciones, pensamientos y sentimientos que se experimentan en un momento determinado. Es la comprensión del ambiente que nos rodea y del mundo interno a los demás.
Los hombres pueden saber la razón de los que hacen, de sus actos, gracias a la conciencia. Realizan sus acciones con libertad y con sentido.
La conciencia se puede considerar como un movimiento espiritual doble, ya que el hombre puede actuar para conseguir sus intereses y deseos en función de lo que piensa del bien y del mal, pero además se debe hablar con otros iguales sobre lo que es justo y no lo es y sobre lo que es bueno o no lo es.
La conciencia no tiene siempre por qué decir lo que es mejor, porque no posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor, siempre hace lo mejor en forma subjetiva, es decir, para el propio hombre.
La conciencia está relacionada con el “súper yo” que nombró Sigmund Freud, que cambió el “ello” por el “yo”.

Estefania Torres dijo...

V. EL INDIVIDUO O ¿HAY QUE SEGUIR SIEMPRE LA CONCIENCIA?

En este capitulo se trata el tema de la conciencia la cual describe como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno, se refiere a la moral o bien a la recepción normal de los estímulos del interior y el exterior, la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer.

La palabra conciencia se usa para variados contextos como por ejemplo personas concienzudas que se caracterizan por el exacto cumplimiento de sus deberes diarios, pero también de todo lo contrario las personas que se evaden de sus deberes y se resisten a ellos.

Llamamos conciencia algo sagrado existente en todo hombre que debe respetarse incondicionalmente. Unos creen a la conciencia como voz de Dios en el hombre, otros como producto de la educación, como interiorización de las normas dominantes, originariamente exteriores.

Cuando se habla de conciencia se habla también de la dignidad del hombre, que cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya “lo universal”

Los hombres al contrario que los animales pueden saber la razón de lo que hacen, ya que actúan expresamente y en libertad con respecto al sentido de su acción. Y se plantean si la acción es buena o mala en si misma o y ven sus consecuencias, de esta manera pueden evitar realizar la acción.

La conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble; el primero lleva al hombre por encima de si, permitiéndole relativizar sus intereses y deseos y de esta manera preguntarse por lo bueno y recto en si mismo, pero para poder estar seguro de que no se engaña deberá conocer las razones y las contrarrazones. Por el contrario no habrá conciencia sin disposición de formarla e informarla.

Una pregunta que se hace todo el mundo es ¿Quién ha programado la conciencia? ¿Cómo ha entrado en nosotros el compás que nos guía? Se puede decir que ese compás fue programado por nuestros padres, ya que poseemos interiorizadas las normas que nos inculcaron en la niñez y que tuvimos que obedecer, así las órdenes que nos dieron se han troncado en órdenes que nos damos a nosotros mismos.

Freud acuño el concepto de “super ego” que forma la estructura de nuestra personalidad ya que decía que el “super ego” era la imagen del padre interiorizada.

El hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es y esto lo podemos aplicar también a la conciencia ya que en todo hombre hay como un germen de conciencia un órgano que identifica el bien y el mal.

Como podemos ver los niños tienen un agudo sentido de la justicia, de los auténtico, lo falso, la bondad y la sinceridad pero esos valores se atrofian si no los ven encarnados en una figura con autoridad. Es como el uso de la palabra que para ellos es un medio de transparencia y de verdad pero cuando por miedo a las amenazas aprenden que hay que mentir para librarse de ellas o ven que sus padres les mienten diariamente desaparece el brillo de sus conciencias y se deforman, de esta manera la conciencia pierde finura.

La conciencia no es siempre buena y por ello no podemos dejarnos llevar siempre de ella, simplemente nos marca una dirección que nosotros debemos analizar antes de tomarla. La conciencia necesita una idea recta de la jerarquía de valores que no este deformada por la ideología.

Ana Risco Muñumel dijo...

La conciencia se puede definir como juicio de valor por el cual la persona reconoce la bondad o la maldad de un acto.
Lo que nos va a formar la conciencia a lo largo de nuestra vida son cosas adquiridas a través de la educación, de nuestras relaciones, los valores familiares, la religión… Es algo inherente de la persona que no puede ser arrebatado por nadie.

No siempre lo correcto es seguir la conciencia, hay que meditar sobre los hechos para orientar a la razón. Necesitando una jerarquía de los valores para saber actuar en conciencia.
Una claro ejemplo lo podemos encontrar en la película El Lector, en la cual una mujer de unos 50 años totalmente analfabeta en el holocausto nazi es la carcelera de un grupo de mujeres a las que va enviando a la cámara de gas. En una ocasión una serie de presas tienen que pasar la noche en una iglesia encerradas, durante la noche ocurre un incendio en la Iglesia y todas menos dos mueren. Se plantea la posibilidad de que esta carcelera y las demás podrían haberlas salvado abriendo las puertas. El dilema surge cuando esta carcelera no tiene conciencia de haber obrado mal ya que era su trabajo y sus superiores la habían encomendado dicho trabajo. Su conciencia no la decía que había obrado mal sino que su actuación era la debida.
Con este ejemplo podemos observar como es necesario utilizar la razón y la inteligencia y no dejarse llevar por l conciencia.
(Ver la película)

Elena Terry Osborne. dijo...

VI.¿Hay que seguir siempre la conciencia?

En este capítulo nos hablan sobre la conciencia, de como la podriamos describir desde distintos puntos de visto, de qué depende una mala conciencia, etc.

La palabra ``conciencia´´ la podemos utilizar en contextos muy diferentes.
Podemos denominar conciencia a algo sagrado que existe en todo ser humano y que ha de ser respetado incondicionalmente, y que también es defendida por la constitución.

La conciencia es un juicio de la razón por el que el hombre reconoce la bondad o maldad de un acto. La conciencia la forma cada persona por separada y le dice lo que debe o no hacer en cada momento de su vida. Obviamente la conciencia no siempre dice lo que más convenga en conjunto, sino lo que le parezca a la persona más conveniente. Con la conciencia ocurre igual que con el bien y el mal, lo verdadero o lo falso, lo justo o lo injusto. Son relativos.

Respondiendo a la pregunta con la que se titula este VI capítulo hay que responder que sí, que la conciencia de cada persona hay que seguirla siempre. Si se realiza una acción que va en contra de tus pensamientos, esa situación se convierte en frustante y provocar un conflicto contigo mismo. Siempre se ha de actuar conforme a lo que piensas, pero que tambien esté relacionado y sea acorde a la realidad. La conciencia de cada ser humano se empieza a formar desde el momento que naces, y la principal base se asenta con la educación de los padres y la formación que el niño reciba en su infancia.

Amalia Cánovas del Castillo dijo...

La conciencia es algo sagrado existente en todo hombre y que debe respetarse, algunos piensan que es la voz de Dios en cada hombre y otros como producto de la educación. Gracias a la conciencia el hombre reconoce si un acto es malo o bueno. Hay que distinguir lo bueno de lo malo y así acertar en lo que conviene hacer. Ejemplo de Sto. Tomás Moro
Hay ocasiones en las que personas actuando en conciencia cometen grandes barbaridades, lo que viene a ser que tiene una conciencia deformada que no sabe distinguir entre el bien y el mal. Un terrorista asesina de acuerdo con su conciencia. No hace mal por seguir su conciencia, sino por haberla deformado hasta ese punto. En mi opinión ante estos casos, la conciencia sigue protestando y el terrorista debe doblegar su propio pensamiento cada vez que actúa.

Ana Santamaría dijo...

la conciencia es el motor de nuestros actos, es la fuerza que consigue que no actuemos como meros animales instintivos, sino que seamos capaces de hacer lo que queremos siempre condicionado por lo que debemos.
Por lo tanto nos da la posibilidad de diferenciar el bien del mal y así poder elegir el camino correcto de nuestra vida y de nuestros actos.
En mi opinión actuar atendiendo a la conciencia es una manera de aumentar nuestra libertad y de seguir el buen camino.

Miriam Herranz dijo...

“La conciencia delicada y sensible es característica de un hombre libre y sincero”
Spaemann afirma que la mala conciencia, el sentido de culpabilidad no es una enfermedad, como muchos piensan, y sostiene que lo que verdaderamente es una enfermedad, es no tener o no poder tener mala conciencia cuando verdaderamente se tiene la culpa. Hasta aquí, de acuerdo.
Añade que también es una enfermedad sentir dolor sin causa orgánica, lo mismo que tener mala conciencia sin que exista culpa.
No estoy para nada de acuerdo con esta afirmación. El dolor es algo propio del ser humano, independientemente si el dolor es causado por causa orgánica o por cualquier otro motivo. Estamos de acuerdo que se puede sentir dolor porque nos duela la tripa, o cualquier parte del cuerpo, pero el dolor no es solo producido por estos motivos. El ser humano sufre y lo hace por otras muchas cosas; sufrimos por la muerte de una persona querida, sufrimos cuando vemos a alguien que queremos, sufrir; sufrimos cuando no podemos hacer nada para evitar el sufrimiento del otro, incluso muchas veces sufrimos por no conseguir algo por lo que habíamos luchado; sufrimos y sentimos profundo dolor cuando hacemos daño a alguien que nos importa, sufrimos hasta por la propia impotencia ante algo. Todos ellos motivos, que no son causa orgánica; son causa de la naturaleza propia de cada ser. El dolor, el sufrimiento, es símbolo de buenos sentimientos y de buena persona. Para mí, la verdadera enfermedad surge, contrariamente, justo cuando una persona sólo sufre por motivos orgánicos. Aquella persona que no sufra por otros motivos que irremediablemente están presentes en la vida de cualquier ser humano, será una persona que carezca de sentimiento y corazón.
Tener mala conciencia, o sentido de culpabilidad, no es para nada en mi opinión, enfermedad. Bajo mi punto de vista, tiene relación directa con la fortaleza o debilidad de la persona, con la firmeza y seguridad con la que se realizan los actos, la seguridad en sí mismo y la certeza de lo que es bueno y correcto y lo que no. Una persona que no tiene seguridad en aquello que hace y actúa con la certeza de saber que eso es lo que realmente quiere y lo que realmente piensa y sabe que es lo adecuado, será aquella persona que si algo sale mal, se sentirá culpable de lo que hizo. Cuando actuamos con decisión, cabeza y conciencia no tenemos la seguridad de que todo vaya a salir bien; las cosas pueden salir mal y si las personas no son seguras en sus decisiones, se sentirán culpables por haber actuado de una manera y no de otra, independientemente de tener o no la culpa.

Anónimo dijo...

CAPÍTULO VI: EL INDIVIDUO O ¿HAY QUE SEGUIR SIEMPRE LA CONCIENCIA?

Este capítulo se abre con la siguiente afirmación: la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer. Y cómo se dice a continuación: esta afirmación es correcta pero conduce a error. La conciencia es algo sagrado existente en todo hombre, hablar de conciencia es hablar de la dignidad del hombre: cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya lo universal. La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos. Y debe ser descrita como un movimiento espiritual doble. El primero lleva al hombre por encima de sí, permitiéndole preguntarse por lo bueno y recto en sí mismo. No hay conciencia sin disposición a formarla e informarla. Por el segundo movimiento vuelve de nuevo el individuo a sí mismo. Pero, antes de seguir describiendo la conciencia, deberíamos preguntarnos: ¿Cómo ha entrado en nosotros? Ante esta pregunta surgen varias respuestas, por una parte que la conciencia viene de las normas que nos inculcaron nuestros padres cuando éramos niños: educación (Freud). Pero pronto nos damos cuenta de que esto no puede ser cierto ya que los hombres siempre se vuelven contra las normas dominantes en una sociedad. Al rechazar esta respuesta surge otra, ¿es entonces la conciencia algo innato? ¿Un instinto social innato? Pero esta respuesta tampoco nos sirve ya que un instinto se sigue instintivamente y es bastante claro que no es lo mismo el no poder actuar de otro modo por instinto que por obrar en conciencia ya que el primero está privado de libertad, el segundo es completamente libre. Y entonces llegamos al siguiente argumento: el hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es. Y por tanto podemos decir que en todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal, y esto se aprecia fácilmente en los niños. Pasemos ahora a la gran pregunta, ¿hay que seguir siempre la conciencia? Estoy de acuerdo con lo que afirma el texto: la conciencia no siempre tiene razón, nos marca la dirección, nos permite superar las perspectivas de nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo. Pero para poder verlo, necesita de la reflexión de un conocimiento real: necesita una idea recta de la jerarquía de valores que no esté deformada por la ideología. Si una persona al seguir lo que le dicta su conciencia viola los derechos o libertades de los demás no está haciendo lo correcto, a pesar de estar actuando en conciencia. Véase el ejemplo de Hitler, es posible que según su conciencia estuviese haciendo lo correcto pero su caso es un claro ejemplo de que no siempre hay que seguir la conciencia. No estaba haciendo lo correcto.

maria romanos agustin dijo...

"la conciencia dice a cada uno lo que debe hacer es corecta pero conduce a erros.
la palabra conciencia se utiliza en contextos muy variado; hablamos de personas concienzudas que se caracterizan por el exacto cumplimiento de sus deberes; pero hablamos tambien de conciencia cuando uno se evade de esos debers y se resiste a ellos.
la conciencia es algo sagrado existente en tod hombre y qeu debe respetarse incondicionalmente.
unos tiene la conciencia po rla vooz de Dios en el hombre, otros como producto de la educacion.
Habalr de conciencia es hablarde la dignidad del hombr. cada individuo como tal es ya una totalidad, es ya "lo universal".
los hombres, al contrario que los animales, pueden saber la razon de lo que hacen. se pueden plantear las consecuencias de una accion y preguntarme si ses justo obrar asi. La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos. Al causasr un daño se tiene una conciencia mala.

la conciencia debe ser descrita como un movimiento espiritual doble. El 1º lleva al hombre por encima de si y le premite preguntarse por lo bueno y malo de una accion.
No hay conciencia sin disposicion a formarla e informarla.
La conviccion con la que termina nuestro discurso la denominamos conciencia que no siempre posee la certeza de hacer objetivamente lo mejor.
no siempre lo que hacemos lo mejor pero atendiendo al conjunto de sus consecuencias.
Lo que nos guia en la vida fue programado por nueestro padres.

Freus ha acuñado el concepto de "super ego, llamado "ello" y al "yo" forman la estructura de nuestra personalidad. Freud observo que el yo se forma bajo la direccion del "super yo", y se libera en el "ello".
si la conciencia no es sin mas un producto de la educacion ni se identifica con el "super yo". Un instinto se sigue instintivamente, peor el "yo no puedo actuarde otro modo" de quienes obran porinstintose diferenciacom el dia y la noche del yo no puedo actuar de otro modo del que obra en conciencia.Aquel se siente arrastrado, privado de libertad.

La conciencia la hemos aprendido natturalmente de nuestros padres.
el hombre es un ser que necesita de la ayuda de otros para llegar a ser lo que propiamente es. Vale tambien opara la concienci. En todo hombre hay conciencia, un organos del bien y del mal. Revisdar esa actitud la denominamos arrepentimiento. El pasado no se puede reprimir: hay que mirarlo conscientemente, es decir, hay que varir conscientemente una mala actitud. El psicologo Mitscherlich habla del pael de la tristeza.

la conciencia nmo siempre tiene razaon. Lo mismo quenuestros 5 sentidos no siempre guian guian corectamente, o lo mismo que nuestra razon no nos preserva de todos los errores. la conciencia es en el hombre el organo del bien y del mal.

Nos marca la direccion, nos permite superar las perspectivas de nuestro egoismo. La conciencia necesita una idea recta de la jerarquia de valores que no este deformada por la ideologia. Se da la conciencia erronea. Hay gente que causa claramente a otros una grave justicia. Lo bueno y lo correcto objetivamente, debe ser considerado tambien por el como bueno, ya que para el hombre no existe nada que sea tan solo "objetivamente bueno". Debe seguir su conciencia.

La obediencia a las leyes de un estado de derecho, que la mayoria de los ciudadanos tiene por justo, no puede limitarse en todo caso a la de aquellas personas cuya conciencia no les prohibe, por ejemplo, pagar los impuestos.

Existe no obstante un modo de reforazar la actuacion contra conciencia: la tortura, que convierte a un hombre en instrumentto sinmn voluntad de otro. De ahi que la tortura pertenezca a los pocos modos de obrar que son malos , luego tocan directamente la conciencia.

Paula Rubira Cabello dijo...

Conciencia se refiere al saber de sí mismo, al conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, estados o actos. Conciencia se aplica a lo ético, a los juicios sobre el bien y el mal de nuestras acciones. Una persona cloroformizada recobra la conciencia al cesar los efectos del anestésico. Una persona "de conciencia recta" no comete actos socialmente reprobables.
La conciencia es algo necesario para el hombre, ya que sin ella el hombre estaría inacabado y sobretodo perdido ya que la conciencia nos dice si un acto es moral o no, es decir si es bueno o no. Con esto hay un problema ya que la persona sabe lo que ha ido conociendo a lo largo de su vida y no siempre se aprenden cosas buenas no positivas por lo tanto no siempre debemos seguir a nuestra conciencia ya que podemos tener un conocimiento erroneo o discorde de la verdad. Hay ciertas cosas en las que la conciencia raramente va a fallar, aunque como hemos dicho anteriormente depende de la educación, de cómo y dónde se ha sido educado, por ejemplo para determinados musulmanes matar por su religión no está mal visto, véase el caso de Al qaeda, dónde por su religión hace lo que haga falta, incluso matar, acto que universalmente es malo o negativo, o el asesinato actual de Bin Ladem, por muy malo o actos malos que haya hecho no se merece ser asesinado y resulta aun mas inquietante que haya sido asesinado por orden de un premio nobel de la paz, aun asi por el asesinato de éste hombre numerosos miles de millones de personas han salido a celebrarlo a las calles, cuando un asesinato es un acto totalmente negativo y que debería estar mal visto sea de quien sea.
En conclusión no debemos dejarnos guiar siempre por nuestra conciencia pues como hemos visto puede ser errónea y no estar de acuerdo con la verdadera moralidad del acto, aunque, ¿quién mide o juzga la verdadera moralidad de un acto? es una pregunta que dejo en el aire...

Laura Pascual dijo...

¿La conciencia dice a cada uno lo que debe hacer?
Si, la conciencia nos dice lo que debemos hacer pero a veces nos conduce a un error en su misma complicidad.
Para poder entender bien el capitulo debemos primero conocer los que conciencia significa.
La 'conciencia (del latín) conscientia 'conocimiento compartido', se define en general como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno, se refiere a la moral o bien a la recepción normal de los estímulos del interior y el exterior.
Los hombres, al contrarios de los animales, pueden saber la razón de lo que hacen, los animales se dejan llevar por el interior, por sus instintos, el hombre piensa en las consecuencias y si lo que esta haciendo esta bien o mal.
La conciencia es una exigencia de nosotros a nosotros mismos. Al
causar un daño, al herir u ofender a otro, me daño inmediatamente a mí mismo. Tengo,
como se dice, una mala conciencia y hay que tener voluntad para saber decir basta. Para estar seguros de que no se engaña hay que preguntarse y saber las razones y contrarrazones de por qué actuar de una manera u otra. La responsabilidad de las acciones cae solo en ti mismo.
Podría decir que la conciencia es algo “innato”, pero con la experiencia de la vida, por lo que observas día a día, aprendes como deberías actuar en cada situación. Desde mi punto de vista si creo que sea parte de innato, pero también un producto de la educación que cada uno recibe.
Cuando hacemos algo que no debemos, y sabemos que esta mal, nos sentimos culpables y es por eso que sentimos la mala conciencia.
La conciencia no siempre nos guía bien, pero debemos ser capaces de aprender de nuestros actos, y cuando nos sintamos culpables, preguntarnos que hemos hecho mal y como aprender de ello.

Ana Melgarejo dijo...

Estoy de acuerdo con mi compañera Loreto en que el hombre reconoce la bondad o maldad de un acto.
Muchos de los actos del hombre se han efectuado por un previo juicio de valor, es decir, por el análisis previo que realiza nuestra conciencia. Pero como bien he dicho, esto ocurre en muchos de los casos pero no en todos. No solo la conciencia guia nuestros actos. Aunque resulte demasiado mítico decirlo, no todo lo guia nuestra conciencia, no todo lo realiza nuestro razonamiento. Muchas veces, se entremezclan conciencia y sentimientos que, en algunas ocasiones, estos sentimientos cambian el rumbo de nuestros actos. En otros casos, sin embargo, complementan nuestros actos haciendolos mas "humanos".

Como ha dicho Loreto: "La conciencia del hombre está compuesta por todo aquello que él conoce, con lo que ha estado en contacto a través de las experiencias", por tanto, a veces el hombre no tiene constancia de tener experiencia en algo, se enfrenta a una situacion completamente nueva para él, ahi es donde yo pienso que actuan los sentimientos que en ocasiones invaden esta conciencia nuestra y nos hacen variar los actos.
Aun asi, importante papel juega la conciencia en nuestros jucios y respondiendo a la pregunta: creo que SIEMPRE debemos tenerla en cuenta, siempre debemos contar con nuestra conciencia pero a la vez, creo que es positivo empapar nuestros actos de sentimientos.
No es que esten reñidos sentimientos y conciencia, no es que no se pongan de acuerdo, sino que se complementan.